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viernes, 8 de marzo de 2013

EL VERDADERO ORÍGEN DE LA CELEBRACIÓN DEL 8 DE MARZO COMO DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER


En primer lugar, es preciso aclarar que la fecha del 8 de marzo no coincide con el incendio de una fábrica en Estados Unidos, ni con la huelga de obreras de la industria textil, aunque ambos hechos tengan relación. Por tanto, el nacimiento del Día Internacional de la Mujer, no radica en un acontecimiento aislado.

El sistema se ha encargado de difundir una historiografía errónea sobre esta conmemoración del Día Internacional de la Mujer trabajadora. Se considera una jornada de lucha feminista en todo el mundo en conmemoración del día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de una supuesta fábrica textil de Nueva York llamada supuestamente Cotton, declararon una huelga en protestas por las condiciones insoportables de trabajo. El dueño no aceptó la huelga y las obreras entonces ocuparon la fábrica. El propietario entonces cerró las puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras que había dentro. Este es el cuentito que se repite sistemáticamente cada año y como paradoja, todo esto jamás sucedió. ¿Curioso no?

La huelga masiva
Efectivamente hubo una huelga de trabajadoras y trabajadores de la industria textil pero fue entre los meses de septiembre de 1909 y febrero de 1910. La mayoría de personas empleadas en la industria textil eran mujeres. Las condiciones de trabajo eran deplorables. La jornada laboral era de ocho de la mañana a seis y media de la tarde con un descanso de treinta minutos para comer, pero las cincuenta y seis horas de trabajo semanales podían aumentar hasta setenta en caso de necesidad.

Operarias de la textil Triangle Shirtwaist
Company, empresa donde se inició la huelga
masiva que duraría 13 meses. Muchas de ellas
morirían quemadas el 25 de marzo de 1911.
El paro se inició el 27 de septiembre de 1909, precisamente, en la  empresa Triangle Shirtwaist Company, propiedad de dos inmigrantes judíos, donde se produjo el incendio año y medio después. Se unieron a la huelga más de 40.000 personas, no sólo en el estado de Nueva York, sino en otras ciudades de los Estados Unidos como Filadelfia y Baltimore.

Las trabajadoras demandaban salarios más altos, mejoras en las condiciones laborales, la abolición del sistema de subcontratación y de las multas, la jornada laboral de cincuenta y dos horas todo el año, igual distribución del trabajo todo el año, limitación de horas extra a menos de dos horas y no más de tres días a la semana y, sobre todo, el reconocimiento de los derechos sindicales.

El 15 de febrero de 1910, la organización de trabajadoras declaró oficialmente terminada la huelga de trece semanas. Trescientas treinta y nueve firmas habían pactado con sus trabajadores; pero otras trece compañías, entre ellas la Triangle Shirtwaist Company, no aceptaron llegar a ningún acuerdo. Si se hubiesen aceptado las demandas de los huelguistas, el incendio, seguramente, no se habría producido.

El famoso incendio
No sucedió el 8 de marzo de 1908 como dice la “historia oficial” sino el 25 de marzo de 1911, fecha en que se incendió la Triangle Shirtwaist Company en la ciudad de Nueva York, muriendo 146 empleadas, la mayoría mujeres jóvenes que, sin duda, habían participado en la huelga celebrada meses atrás.

Interior de la Triangle en horario laboral.
Esa empresa textil donde las obreras trabajaban turnos de 14 horas y se les pagaba un promedio de 7 dólares semanales, estaba situada en los tres pisos superiores de un edificio de diez plantas, llamado Asch Building, en la esquina entre Green Street y Washington Place. Este edificio, uno de los más altos del momento, debía de haber estado equipado con tres escaleras de acceso, pero sólo tenía dos, estrechas e inútiles para una emergencia. Tampoco cumplían el artículo de la ley laboral que exigía que las puertas de las fábricas se abriesen hacia fuera “donde fuese posible”, y que no podían estar cerradas con llave durante las horas de trabajo. En el Asch Building todas las puertas abrían hacia dentro, por lo estrecho de los pasillos, y, además, el dueño de la Triangle mantenía las puertas cerradas por temer a que pudieran robar algo o salieran antes de la hora. Tampoco existía obligación de tener aparatos contra incendios. Con anterioridad al fuego ya se habían denunciado las condiciones de hacinamiento y peligrosidad en que se trabajaba en la Triangle. Los dueños no habían contestado siquiera a la carta que les envió, en 1909, el Departamento de Construcción, tras efectuar un informe sobre la peligrosidad de las instalaciones. Tampoco respondieron a  la carta que les envió, un año más tarde, un profesor de la universidad de Nueva York, que podía ver las instalaciones desde las ventanas de su despacho y les advertía del riesgo de que se produjese un incendio como el que había provocado la muerte de 25 trabajadores, también en su mayoría chicas, en otra fábrica de Nueva Jersey.

Momento del incendio de la textil
Triangle, el 25 de marzo de 1911.
Las mesas de trabajo estaban colocadas justo una al lado de otra, sin espacio para una evacuación. Cuando se produjo el incendio, al parecer por una cerilla arrojada por un empleado en el octavo piso, tras encender un cigarrillo, se desató un incendio en la cesta de retales bajo una de las máquinas de la fábrica. Eran las 4.46 horas de la tarde y de las 600 personas que estaban trabajando en ese momento en la fábrica, 500 eran mujeres y rápidamente los trabajadores de la octava planta avisaron por teléfono (un invento relativamente nuevo) a los de la décima, pero cuando la noticia llegó a la novena, el fuego ya se había propagado. Una puerta cerrada y una escalera presa de las llamas impedían salir por dos de las salidas a Green Street y Washington Square.

Gran parte de las obreras lograron subir a la azotea, y algunas lograron bajar en el abarrotado ascensor mientras éste siguió funcionando. Se sabe que los dos operadores de sendos ascensores del edificio subieron al menos tres veces para rescatar a las muchachas de los pisos superiores, pero finalmente el fuego y el calor impidieron continuar utilizándolos, y muchas de las víctimas acabaron tirándose por el hueco del ascensor, intentando escapar de las llamas.

Carro de bomberos tirado por caballos corre
a apagar el incendio del edificio Asch,
el 25 de marzo de 1911.
Las personas que estaban en el décimo piso, entre ellas los dos dueños de la empresa, Max Blanck e Isaac Harris, ambos de origen judío, pudieron escapar por los tejados y otras se salvaron bajando en los ascensores, antes de que el fuego lo hiciera imposible. Las empleadas que estaban en la octava y novena planta sólo podían salir por una de las dos puertas. Una estaba cerrada con llave y la otra quedó totalmente colapsada.

Desde la calle la escena era dantesca; 62 personas prefirieron saltar por la ventana a morir calcinadas en el edificio en llamas. Un testigo comentaría, años después, la terrible sensación al presenciar cómo chica tras chica se iba asomando a una de las ventanas en llamas, parándose un instante, y saltando al vacío; en algunos casos, algunas chicas tardaban tanto en saltar que una llamarada les acabó prendiendo fuego al vestido, y saltaban convertidas en bolas de fuego. Abajo, desde la calle, la impotente muchedumbre presenciaba histérica el funesto espectáculo de las alturas. La llegada de los bomberos hizo poco por aliviar la situación, pues ninguna escalera sobrepasaba el 6º piso. Aquellas personas
 que no hubiesen saltado por las ventanas acabaron sucumbiendo al humo y a las llamas.

Murieron ciento cuarenta y seis personas. Siete cadáveres no pudieron ser identificados. Del resto, trece eran hombres y ciento veintitrés mujeres, la mayoría inmigrantes europeas. La víctima de más edad tenía 48 años y la más joven 14 años.

La historia que se oculta sobre los propietarios de la fábrica
Tanto Isaac Harris como Max Blanck tenían una historia común. Ambos habían nacido en Rusia, en familias judías. Llegaron sin conocerse aún, a los Estados Unidos en 1890, y como tantos de cientos de inmigrantes judíos se dedicaron al comercio de prendas de vestir.

Max Blanck e Isaac Harris, ambos judíos,
eran los propietarios de la fábrica de
camisas donde murieron 146 personas
porque las puertas estaban cerradas.
Apenas arribado a los Estados Unidos, Harris trabajó como sastre en un comercio de un familiar. Blanck en cambio trabajó por cuenta propia y para 1895 ya tenía una pequeña fábrica de ropa. A la edad de 25 años se casó con una inmigrante rusa cuya prima se había casado con Harris y los dos hombres finalmente se conocieron a fines de la década de 1890.

A principio de 1900 se asociaron. En menos de una década ambos pasaron a ser conocidos en Nueva York con el sobrenombre "Shirtwaist Kings", “los reyes de las camisas”.

Harris y Blanck eran compatibles, Blanck puso el capital y Harris su experiencia con la confección de indumentaria. En 1900, fundaron la Triangle Waist Company y abrieron su primera tienda de venta de ropa en Wooster Street. Las camisas y blusas que fabricaban se hicieron muy populares. El precio de sus camisas era económico, 3 dólares la prenda.

En 1902, Harris y Blanck mudaron su compañía al noveno piso del Nuevo edificio Asch building en la esquina de Washington Square in Greenwich Village. Harris diseñó la distribución de las maquinarias y las mesas de trabajo, prohibiendo la conversación entre las empleadas para incrementar la productividad. En 1906, los negocios iban bien y se expanden al 8º piso.

Harris y Blanck con las operarias de su
fábrica en una foto de 1910.
Como fabricantes de camisas Harris y Blanck cambiaron su estilo de vida, compraron departamentos en Manhattan's Lower East Side y depósitos en la orilla del río Hudson. Harris tenía cuatro sirvientes en su departamento. Blanck para no ser menos, tenía cinco. Iban a la fábrica llevados por un chofer cada uno. Sus familiares abrieron sucursales de su fábrica en todo el estado de Nueva York, en Nueva Jersey, y Pennsylvania. Los hermanos de Blanck abrieron más fábricas en el interior de Estados Unidos.

En 1908, las ventas de la Triangle Factory eran de un millón de dólares. Harris y Blanck deciden usar el décimo piso del Asch building para oficinas administrativas. En los otros pisos se producían 1.000 camisas por día, ninguna otra fábrica lograba tanta productividad, por eso eran llamados “los reyes de las camisas”.

Estado en que quedó el edificio
de la Triangle en 1911.
Harris y Blanck competían con otras 11.000 industrias textiles en Nueva York, muchas de ellas hacían camisas de mejor calidad. Ambos socios prefirieron cantidad a calidad porque la demanda era mucha, y a hacer trabajar muchas horas a las empleadas por un miserable sueldo. Todos los días se hacía un escrupuloso inventario de las herramientas y se inspeccionaba a cada mujer cuando se retiraba para que no pudiera robarse nada.

Una medida de seguridad adicional fue ideada por Blanck, la de mantener cerradas las puertas de salida con candado hasta terminar de revisar a la última obrera.

En 1909 el escaso sueldo y la insatisfacción de los empleados llevaron a una huelga entre los trabajadores de la Triangle Factory en noviembre, la misma provocó la adhesión de los operarios de otras fábricas textiles. Blanck y Harris lo consideraron como un "ataque personal;" en vez de dialogar con sus empleados procedieron a despedir a muchos, contrataron una policía privada que golpeaba y maltrataba a las obreras, pero la huelga no cesaba y se extendió a 1910, cayó la producción, pero Harris y Blanck siempre se negaron a llegar a algún acuerdo. Meses después, finalmente accedieron a acortar las horas de trabajo y nada más.

Los cadáveres de las mujeres tirados
en la vereda en esa fatídica tarde.
Luego del incendio y de contabilizar tantas muertes se supo que los trabajadores permanecían encerrados en el edificio, que no se respetaba ninguna medida de seguridad y que todas las muertes pudieron haberse evitado. La gente dejó de comprar las camisas de Harris y Blanck, los periódicos comenzaron a publicar el opulento modo de vida de los propietarios de la fábrica frente a los miserables sueldos que les pagaban a las operarias. El diario New York Times entrevistó a Harris en su casa, defendiéndose e insistiendo en que ellos habían tomado todas las precauciones.

Pero el público no les creía y pedía que fueran juzgados, así, el 5 de abril en la Quinta Avenida de Nueva York, más de 80 mil personas pedían que los dueños de la fábrica Triangle sean juzgados. El 11 de abril, Harris y Blanck fueron acusados de siete cargos. Para salvarse Harris y Blanck pagaron $25.000 dólares a Max Stuer, uno de los mejores abogados de Nueva York para que los defienda. En diciembre de 2011 fue el juicio, pasaron más de 100 testigos que denunciaron el maltrato al personal por parte de los dueños. La táctica de la defensa fue desacreditar a las testigos sobrevivientes diciendo que ellas apenas conseguían hablar en inglés, que no tenían estudios y que ¡eran inmigrantes italianas!

Así quedó el interior del edificio tras el
incendio del 25 de marzo de 1911.
Pese a las protestas que se organizaron en todo el país, los dueños de la Triangle sólo fueron acusados de homicidio no premeditado, y el jurado terminó declarándolos inocentes. Blanck y Harris tuvieron que pagar 75 dólares a la familia de cada víctima.

Pero el seguro contra incendio que tenía la fábrica, le pagó a Blanck y Harris 200 mil dólares, cerca de 400 dólares por cada víctima fatal lo que permite calcular que los dos judíos ganaron 325 dólares por cada operaria muerta.

Las escaleras contra incendio de la fábrica
se rompieron a los pocos minutos de
estallar el fuego.
En 1913, Harris y Blanck mudaron la Triangle Shirtwaist Company a West 23rd Street. En Diciembre de ese año, una inspección  demostró que las medidas de seguridad de Blanck eran tan malas como en el edificio original de Triangle donde se desató el incendio. Blanck de nuevo fue imputado por haber cerrado con llave la salida de emergencia de esa fábrica; pagó 20 dólares de multa.

En 1918, Harris y Blanck cerraron la Triangle Shirtwaist Company. Ambos socios jamás lograron recuperar el nivel de ventas que tenían antes del incendio y su reputación quedó dañada al igual que la imagen de la compañía. Isaac Harris regresó a trabajar como un sastre independiente y Blanck continuo con otros proyectos, fundó otras compañías de prendas de vestir como la Normandie Waist Company, pero sus ventas fueron modestas y nunca pudo volver a la época de esplendor.

La única consecuencia positiva fue la creación de una Comisión de Investigación que revisó las condiciones de peligrosidad de las fábricas y cuyas recomendaciones se convirtieron en leyes cuando Franklin Roosevelt fue elegido gobernador del estado de Nueva York.

Primeras celebraciones del Día de la Mujer
Fue en Estados Unidos donde se celebró por primera vez el Día de la Mujer el último domingo de febrero de 1909. Y en el Congreso del Partido Socialista de Estados Unidos, en 1910, se aprobó la propuesta de celebrar el Día de la Mujer el último domingo de cada mes de febrero. Era para reivindicar el derecho de las mujeres al sufragio. Hasta el 1920 no fue aprobada la Decimonovena Enmienda de la Constitución Estadounidense por la que se otorgaba a las mujeres el derecho al sufragio. También se acordó en 1910 llevar la propuesta a la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que se celebró a finales de agosto de 1910 en Copenhague. En esta Conferencia, que vemos, fue anterior al incendio producido el 25 de marzo de 1911, las delegadas del Partido Socialista norteamericano, Lena Morrow Lewis y May Wood Simons, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que tuvo lugar en Copenhague, Dinamarca proponen que se celebre el último día de febrero el Día de la Mujer. La propuesta fue apoyada por la socialista alemana Clara Zetkin, que vemos no fue la autora de la idea sino que pidió se aprobara la celebración de tal Día Internacional de la Mujer "siguiendo el ejemplo de las camaradas norteamericanas (el Woman's Day) se dedicará un día especial a las mujeres para promover el sufragio", dijo. La propuesta fue aprobada por más de cien mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras mujeres elegidas para el parlamento finés. El día se siguió celebrando el último domingo de febrero hasta 1914.

Soldados franceses en la trinchera,
en la Cota 34 de Verdún, en 1916.
En 1914, ante la propuesta de las socialistas alemanas, se comenzó a celebrar el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, quizás por las connotaciones revolucionarias de ese mes por la Revolución de 1848 y la Comuna de París en 1871. También porque el 8 de marzo de 1914 millones de mujeres alemanas, francesas y suecas salieron a la calle para manifestar contra de la inminente guerra mundial (empezó el 28 de julio de 1914) y a favor del voto femenino.

Sin embargo, fue a partir de 1917 cuando el 8 de marzo comenzó a universalizarse, en principio, como Día de la Mujer Comunista en los países bajo la órbita soviética, y luego, ya despojado del calificativo, en los restantes. La continuidad de la celebración en la fecha del 8 de marzo pudo quedar luego reforzada porque el 8 de marzo de 1917 las mujeres rusas, en particular las de San Petersburgo, se amotinaron ante la falta de alimentos y pidiendo el regreso de los hombres de la guerra (ya habían muerto 2 millones de rusos). Tal marcha fue el detonante de la Revolución bolchevique: a los cuatro días el zar abdicó y el gobierno provisional le otorgó a las mujeres rusas el derecho al voto.

Manifestación de mujeres por el sufragio
femenino, el 6 de mayo de 1912 en la
ciudad de Nueva York.
Nace, pues, la celebración de un Día Internacional de la Mujer con un carácter reivindicativo: del derecho al voto, en Estados Unidos, inicialmente, de rechazo a la guerra, en segundo lugar, de derechos como ciudadanas y como obreras, en Rusia. Un sentido reivindicativo y “revolucionario”, crítico y demandador de cambios sociales.

El Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer.

Recién en 1977, el Día Internacional de la Mujer fue reconocido oficialmente por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

3 comentarios:

  1. excelente nota,! con nombre y apellido , como debe ser!

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  2. Bravo que excelente reportaje, excelente redacción, ortografía, información concisa y clara los felicito....

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  3. Muchas gracias por la nota, cuesta encontrar material completo del tema. Solo me queda una duda, qué fue de Harris y Blanck?

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