HUMANIDAD Y COSMOS es un programa que trata de traerle a usted eso que siempre se preguntó y nunca tuvo la oportunidad de escuchar… Hechos históricos ocultados, fenómenos insólitos, creencias, mitos y leyendas, arqueología proscripta, seres extraños, energías prohibidas, noticias curiosas, científicos censurados, el misterio de los objetos voladores no identificados, profecías y vaticinios, sociedades secretas, ecología, enigmas y soluciones para vivir física y espiritualmente sanos.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

JESUCRISTO Y LAS PRUEBAS IRREFUTABLES DE QUE ERA EL MESÍAS

Uno de los aspectos más llamativos e innegablemente singulares de la vida de Cristo es que cumplió centenares de predicciones y profecías escritas acerca de Él en la Biblia. Dichas predicciones, hechas por antiguos profetas y videntes (muchas de ellas siglos antes que naciera), revelaron detalles precisos sobre su nacimiento, vida y muerte que ningún mortal podría haber cumplido.

En los primeros libros de la Biblia hay más de 300 predicciones acerca del Mesías o Salvador. El hallazgo de cientos de manuscritos del Antiguo Testamento, llevado a cabo por arqueólogos durante el presente siglo, ha demostrado, sin lugar a dudas, que dichas profecías fueron escritas siglos antes que naciera Jesús.

¿Qué diferencia hay entre Jesús y los demás grandes maestros, profetas o filósofos religiosos?
Si quisiéramos calificar a Jesús de alguna manera, habría que decir que es "único": Su mensaje fue único; lo que Él afirmó de Sí mismo no tiene igual; sin par fueron los milagros que realizó; y la influencia que impuso en el mundo no ha sido igualada por ninguna otra.

Jesucristo no es un hombre cualquiera. Tampoco es un simple maestro, rabino, gurú o profeta. Se le podrían aplicar todos esos calificativos, pero Él es mucho más. A diferencia de los grandes maestros religiosos que le antecedieron o le sucedieron, Jesús no solo vertió enseñanzas en torno a Dios y el amor, sino que era amor y encarnó al Hijo de Dios, por lo cual sabía perfectamente de qué hablaba.

Nacido de una virgen
Profecía: Casi 750 años antes del nacimiento de Cristo, el profeta Isaías del Antiguo Testamento, profetizó:

«Por  tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y llamará su nombre Emanuel».                                       
(Isaías 7:14).

Cumplimiento: Siete siglos y medio después, en Israel, una joven virgen llamada María fue visitada por el Arcángel Gabriel, el cual le anunció que alumbraría un hijo, que llevaría por nombre Emanuel, es decir, "Dios con nosotros".

Vemos, pues, que el principio mismo de su existencia en la tierra, su concepción y nacimiento, fueron no solamente únicos, sino también milagrosos, ¡a partir del hecho de que la sencilla y humilde jovencita que fue su madre nunca había tenido relaciones con un hombre!

«Entonces dijo María al ángel, ` ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?` El ángel le contestó, ` ¡El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra! Por lo cual también el santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios
(Lucas 1:26-35)

Su lugar de nacimiento
Profecía: En el siglo VIII a.C., Miqueas predijo exactamente en qué aldea iba a nacer el Mesías:

«Pero tú, Belén, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será señor en Israel, cuya existencia es desde el principio, desde los días de la eternidad»
(Miqueas 5:2. Profecía dada en el año 710 A.C.).

Cumplimiento: Si bien sus padres terrenales vivían en el pueblo de Nazaret, al norte de Belén, un decreto emanado de Roma exigió que todas las familias retornaran a sus lugares de origen para cumplir con un censo que se llevaba a cabo en todo el imperio. De este modo, Dios se valió de un emperador romano, César Augusto, para contribuir al cumplimiento de la profecía de Miqueas.

Entrada triunfal en Jerusalén
Profecía: El profeta Zacarías mandó al pueblo, mediante el Espíritu del Señor:
« ¡Alégrate mucho, hija de Sion! ¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí, tu Rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna».
(Zacarías 9:9. Profecía dada en el año 487 a.C.).

Cumplimiento: Cinco días antes de su crucifixión, Jesús regresó a Jerusalén y dijo a sus discípulos:

«Id a la aldea que está en frente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.
Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó, y trajeron el asna y el pollino... y Jesús se sentó encima... y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ` ¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito El que viene en el nombre del Señor! `»
(Mateo 21:2- 10)

Su traición
Profecía: El profeta Zacarías predijo en el año 487 a.C.

«Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata
(Zacarías 11:12.)

Cumplimiento: Vemos que su discípulo Judas Iscariote fue el traidor.

«Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ` ¿qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?` Y ellos le asignaron treinta piezas de plata»
(Mateo 26:14,15).

Profecía: Una de las profecías que recoge el libro de Zacarías en el capítulo 11:12-13 escrito aproximadamente en el 487 a.C. hace referencia directa al precio (treinta piezas de plata) que los principales de los sacerdotes ofrecieron a Judas por entregarle a Jesús. Ver el evangelio de Mateo en el capítulo 26 y versículo 15.

«Y me dijo el Señor: `Échalo al tesoro, ¡hermoso precio con que me han apreciado!` Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa del Señor al tesoro 
(Zacarías 11:13.)

Cumplimiento:
«Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes, y a los ancianos... y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. Y los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero para sepultura de los extranjeros.»
(Mateo 27:3-6).

Su Juicio
Profecía:
«Por arresto y por juicio fue arrebatado; y de sus descendientes, ¿quién hablará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido»
(Isaías 53:8. Profecía dada en el año 712 a.C.).

Cumplimiento:
«Estando Pilato sentado en el tribunal... los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la gente... para que se ejecutase a Jesús»
(Mateo 27:19-20).

«Finalmente Pilato se lo entregó para que fuese crucificado»
 (Juan 19:16).

Poncio Pilato mismo sabía que Jesús era inocente, que no había hecho nada digno de muerte y que era únicamente por envidia que los jefes religiosos judíos querían que Jesucristo fuese ejecutado; de todos modos, éstos se valieron de su influencia política para forzar a Pilato a crucificarlo.
(Juan 18:28- 40; 19:1-16; Lucas 23:13-25; Mateo 27:18).

Su crucifixión
Profecía: El rey David profetizó lo siguiente aproximadamente en el año 1.000 a.C.:

«Perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malvados, horadaron mis manos y mis pies. Puedo contar todos mis huesos; entre tanto, la gente me observa recreándose. Se han repartido mis vestidos, y echan suertes sobre mi ropa»    
(Salmo 22:16-18. Profecía dada alrededor del año 1.000 A.C.)
(Véase también Zacarías 12:10; 13:6.)

Cumplimiento: Lo anterior fue escrito por el rey David, quien murió de muerte natural (como lo registra 1 Reyes Capítulo 1); de manera que no se refería a sí mismo, sino que, como profeta que era, ¡predijo el tipo de muerte que Jesucristo padecería!

 Como dice el Nuevo Testamento:
«Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús (horadado sus manos y pies), tomaron sus vestidos, y los repartieron en cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también Su ropa interior, la cual era sin costura, de una sola pieza de arriba abajo. Entonces se dijeron unos a otros: No la partamos, sino echemos suerte sobre ella, a ver de quién será»        
(Juan 19:23,24).

Cabe añadir que los judíos de la época de David no practicaban la crucifixión —más bien apedreaban a los delincuentes—; sin embargo, David previó que el Mesías padecería ese tipo de muerte, ¡que diez siglos después habría de convertirse en el principal método de ejecución aplicado por el imperio Romano!

Su sepultura
Profecía: «Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte»
(Isaías 53:9).

Cumplimiento: A los ojos de sus implacables enemigos religiosos, Jesús fue un criminal, un impío, ya que «crucificaron con él a dos ladrones»
(Mateo 27:38).

Después de su muerte, «vino un hombre rico llamado José... éste fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús... y tomando José el cuerpo... lo puso en su sepulcro nuevo», ¡¡¡Un sepulcro de los ricos!!!
(Mateo 27:57-60)

Su resurrección
Profecía:
«Porque no dejarás mi alma en el seol (la tumba, la muerte), ni permitirás que Tu Santo vea corrupción (descomposición).»
(Salmo 16:10. Profecía que data aproximadamente del año 1.000 A.C.)

Cumplimiento: El rey David, quien dio la profecía, murió, fue enterrado, y su carne vio corrupción y se descompuso. Pero Jesús fue levantado de la tumba y del seol tres días después de su muerte y «Su alma no fue dejada en el hades (o la tumba), ni su carne vio corrupción»
(Hechos 2:27-31).

Como dijo el ángel a las plañideras que acudieron a la tumba de Jesús:
« ¡No está aquí, sino que ha resucitado! ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive      
(Lucas 24:6,5).

¡Jesús está vivo! ¡Las Escrituras demuestran que anduvo por la tierra durante 40 días después de su resurrección y fue visto por centenares de seguidores!
(Hechos 1:3; 1 Corintios 15:4-6)

Luego ascendió hacia los Cielos, donde “está sentado a la diestra del trono de Dios”.
(Marcos 16:19).

Destrucción de Jerusalén después de su venida
Profecía: «Y después de las 62 hebdómadas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí, y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad (de Jerusalén) y el Santuario (el templo judío)»
(Daniel 9:26).

Dicho de otro modo, según esta profecía, ¡después de la muerte del Mesías, la ciudad de Jerusalén y el templo de los judíos serían destruidos! ¿Lo fueron? ¡Sí! ¡Apenas 40 años después!

Cumplimiento: Después de quitársele la vida a Jesús (cuando fue crucificado en el año 30 d.C.), «no por sí», sino por los pecados del mundo, ¿sabe el lector qué le sucedió a Jerusalén y al templo de los judíos? En el año 70 d.C. las legiones romanas del emperador Vespasiano («el pueblo del príncipe»), al mando de su hijo —el general Tito—, entraron en Jerusalén y la quemaron totalmente, ¡destruyendo tan devastadoramente el Santuario judío que no quedó piedra sobre piedra!

¡Jesucristo mismo, en una serie de profecías asombrosamente detalladas, pronunciadas 40 años antes de estos catastróficos sucesos, predijo con exactitud lo que iba a suceder!
(Véase Mateo 24:1-2; Lucas 19:42-44; 21:20- 24)

Cierre de  la Puerta Oriental después de su venida
Profecía: «Me hizo volver hacia la puerta exterior del Santuario, la cual mira hacia el Oriente, y estaba cerrada. Me dijo el Señor: Esta puerta estará cerrada; no se abrirá, ni entrará por ella hombre, porque el Señor Dios de Israel entró por ella; estará, por tanto, cerrada»
(Ezequiel 44:1,2. Profecía dada en el año 572 A.C.).

Cumplimiento: Cuando Jesús («el Señor Dios de Israel») hizo su entrada triunfal en Jerusalén sobre el lomo de un pollino de asna, vino del monte de los Olivos e ingresó por la Puerta Oriental (Mateo 21:9-12), la cual desemboca en los atrios del Templo, como dice aquí: «la puerta exterior del Santuario, la cual mira hacia el Oriente».

En el año 70 d.C., la ciudad de Jerusalén fue completamente destruida y permaneció en ruinas hasta siglos después. Pero en el año 542, el sultán Solimán, reconstruyó los muros de la ciudad. Como los judíos que habían rechazado a Cristo todavía creían que su Mesías habría de venir y haría aún su entrada triunfal en Jerusalén, Solimán (deseoso de evitar que los judíos se agrupasen en torno a un Mesías» para luego rebelarse) amuralló la «Puerta Oriental» cerrándola por completo, cumpliendo así inadvertidamente la antigua profecía de Ezequiel: «Estará cerrada... porque el Señor (Jesús), Dios de Israel, entró por ella». ¡Así, pues, la Puerta Oriental permanece sellada hasta la fecha!

Sócrates enseñó durante 40 años, Platón durante 50, Aristóteles durante 40 y Jesús solo durante 3. Pero la influencia del ministerio de Cristo, transciende infinitamente el efecto de los 130 años combinados de enseñanzas de dichos hombres que figuran entre los más grandes filósofos de los tiempos antiguos. Jesús no pintó ningún cuadro. Pero algunas de las obras más exquisitas de Rafael, Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci estuvieron inspiradas por Él.

Jesús no escribió poesía. Pero Dante, Milton y cientos de los más grandes poetas del mundo estuvieron inspirados por Él. Jesús no era compositor. Pero Haydn, Haendel, Beethoven, Bach y Mendelssohn alcanzaron la cima de la perfección melódica en los himnos, sinfonías y oratorios que compusieron en alabanza a Él.

El humilde carpintero de Nazaret ha enriquecido toda la esfera de la grandeza humana.

Más información al respecto la encontrará aquí:

EL NACIMIENTO DEL SER MÁS GRANDE DE ESTE MUNDO

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