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lunes, 8 de agosto de 2016

EN UN DÍA COMO HOY, VITO DUMAS DIO LA VUELTA AL MUNDO EN SOLITARIO

Vito Dumas fue un gran navegante y deportista argentino, el primer navegante solitario en recibir The Slocum Award. El 27 de junio de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, zarpa para su mayor hazaña: la vuelta al mundo en solitario en el Lehg II. Luego de un año y treinta y seis días arriba el 8 de agosto de 1943 a la ciudad de Buenos Aires que lo recibe como un héroe después de recorrer 20.420 millas marinas, que es lo mismo que 38 mil kilómetros, navegando siempre rumbo al amanecer.

Vito Dumas, el navegante
solitario, tapa de la revista
El Gráfico.
Vito Dumas nació el 26 de septiembre de 1900 en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires. Hijo de Victorio Dumas y Vicenta Grillo (oriunda de Dolores Provincia de Buenos Aires), tuvieron dos hijos: Vito y Remo. Vito falleció el 28 de marzo de 1965. Es el primer navegante solitario en recibir The Slocum Award por cuatro fantásticos viajes, donde se destaca la vuelta al mundo por los 40º de latitud sur.

Se casó con Adela Navarro con quien tuvo un hijo: Vito Diego Dumas, (arquitecto). Practicaba muchos deportes, en especial los individuales (atletismo, boxeo, aviación y natación). Según contó su esposa, ocho años menor que él, en 1925 fue campeón mundial de permanencia en el agua. Ella lo describió físicamente como de cuerpo de atleta, 1,75 de altura, cabello castaño oscuro, tez blanca, amplia frente y ojos verdes; y afirmó que su personalidad era la de un hombre introvertido, más bien retraído.

Vito Dumas en 1942, antes de
iniciar su vuelta al mundo.
Era un hombre muy activo. Le gustaban los deportes. Además pintaba, hacía escultura. Cursó estudios en la Academia de Bellas Artes. Lo que se proponía lo hacía. Una vez, sin haber estudiado nunca nada sobre radio, armó un aparato. Lo que le faltaba era constancia, disciplina. Comenzaba todo con mucha euforia y luego lo abandonaba inesperadamente. No dudo que era muy inteligente y tenía intuición.

El Lehg II, el barco de Vito Dumas.
Aunque era hijo de padres en buena situación económica, estos perdieron su fortuna y tuvo que salir a trabajar de joven: "Tuve que limpiar pisos, hacer mandados, lustrar chapas de bronce de algún negocio".

El 13 de diciembre de 1931 partió de Arcachón (Francia) en su embarcación el Lehg, construida en Francia en 1918, de 8 metros de eslora y 2,15 de manga. Después de 121 días de navegación recaló el 12 de marzo de 1932 en el Yacht Club Argentino en Buenos Aires.

El 27 de junio de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, partió para su mayor hazaña: la vuelta al mundo en solitario. Regresó al lugar de partida después de 437 días de los cuales 274 fueron navegando, luego de haber recorrido 20.420 millas marinas (37.818 km) a través de tres océanos. Su recorrido recibe el nombre de "Los cuarenta bramadores" por el itinerario cercano al paralelo de 40º sur, zona de fuertes vientos y frecuentes tormentas, denominada, también "la ruta imposible".

Estampilla argentina de 1968 en
homenaje a Vito Dumas.
Este objetivo se logró gracias a que en 1934 Dumas había hecho construir un barco al que bautizó Lehg II en los astilleros Parodi en Tigre. Era un barco de doble proa, eslora de 9,55 metros, manga de 3,30 metros, calado de 1,70 m totalmente cargado. Poseía una quilla de hierro de 3.500 kilos; arbolado a Kecht (o sea, con dos mástiles). Le ayudaron en el trabajo de preparación de su barco la revista El Gráfico, sus amigos de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) de Buenos Aires, en la cual era socio, un almacenero del Bajo Belgrano y los timoneles del Club Náutico Buchardo.

Vito Dumas con sextante.
En 1937, probando este barco, puso proa a Río de Janeiro, y un viento de casi 140 km por hora le rompió el velamen y le hizo dar una vuelta en campana. Pese a todo, recobró su posición normal y siguió navegando. Luego de este viaje decidió desprenderse de este barco vendiéndoselo al doctor Rafael Gamba. Pero años luego le surgió la idea de dar la vuelta al mundo y entonces se lo compró a Gamba. Un amigo de Vito, Manuel Maximiliano Campos, le diseñó algunos cambios que consistieron en darle una propulsión mediante un juego de cuatro velas: un tormentín, una trinquetilla, una mayor, y una mesana. También le agregó un juego completo de recambio, una vela más pequeña para las tormentas y otra enorme confeccionada con tela muy delgada que haría las veces de balón en el caso de aguas calmas.

El Lehg II navegando frente a
Mar del Plata.
Como estaba en pleno apogeo la Segunda Guerra Mundial, tuvo que asegurarse proveerse al máximo, pues las ventas en los distintos países podían llegar a estar fraccionadas y restringidas. Solo contaba con diez libras esterlinas que le prestó un amigo para viajar: "Total para qué quiero dinero, si en navegación no voy a gastar", se justificó risueñamente. Así que calculó provisiones para un año: 400 botellas de leche esterilizada y gran cantidad de leche chocolatada, latas de cacao; veinte kilos de harina de lentejas, arroz, garbanzo, arvejas, diez kilos de yerba mate, latas de aceite y 80 kilos de corned-beef, manteca salada, chocolate en barras, leche condensada, 70 kilos de papas, 5 de azúcar, frutas confitadas, mermeladas, tabaco para pipa y cigarrillos, cajas de fósforo, galletas, botiquín de primeros auxilios, dosis de vitaminas A, B, C, D y K y glucosas para la falta de calorías. Llevó una cocina y alumbrado que utilizaban kerosén así como 400 litros de agua potable.

El velero Lehg II con el que Dumas dio la
vuelta al mundo. Se encuentra en el
Museo Naval de la Nación.
Por temor o cautela, la Prefectura argentina se negó a firmarle los documentos necesarios para su viaje, por lo que debió zarpar del puerto de Montevideo. Llevaba diez libras esterlinas en el bolsillo, una buena provisión de tabaco, setenta kilos de papas y otros alimentos generosamente donados por amigos y admiradoras. Sus pocas pertenencias, relata en su libro Los cuarenta bramadores, incluían una “magnífica muda de ropa interior de pura lana” proporcionada por un amigo llamado Weber, un gorro y un par de guantes suministrados por la revista El Gráfico. Esos fueron sus sponsors, además de sus amigos de la YMCA de Buenos Aires, un almacenero del Bajo Belgrano y los timoneles del Club Náutico Buchardo, que ayudaron en el trabajo de preparación de su barco.

Llega el navegante solitario
El arribo de Vito Dumas a Mar del Plata en julio de 1943, tras completar la etapa más difícil de su viaje (el cruce del Cabo de Hornos), logró opacar, al menos por unos días, las noticias que llegaban a la Argentina desde los frentes de guerra. El diario Crítica le dedicó a la hazaña del navegante tres de las diez páginas de su edición. Las crónicas lo ensalzaban; lo llamaban “el héroe silencioso”, “el domador de olas”, “el vencedor de los mares”.

Vito Dumas, en 1943.
El 8 de agosto de 1943, tras atravesar incontables peligros, Dumas entró triunfalmente al puerto de Buenos Aires. Un cronista de la época estima en 50 mil el número de personas que ocuparon la Dársena Norte para recibirlo. Pero eran millones los que habían seguido, a través de la radio y los diarios, sus aventuras. Ese domingo de agosto fue un día de fiesta nacional, y la consagración de un héroe.

Vito Dumas en Ciudad del Cabo,
agosto de 1942.
Pero había quienes se resistían a aceptar su popularidad. Especialmente en el Yacht Club Argentino, hábitat natural de una élite que había hecho de la navegación deportiva una de sus señales de identidad. Desde que, en 1931, Dumas sorprendió al mundo cruzando el Atlántico en solitario, la aristocracia náutica lo consideró un intruso. Un ignoto representante de la plebe que ni siquiera tenía título secundario y que había osado profanar su feudo convirtiéndose, además, en la figura más popular del momento.

Vito Dumas en Wellington,
Nueva Zelanda.
Casi como un juego, por pura envidia, nacieron los primeros rumores: Dumas estaba loco, tenía mala suerte y la convocaba, la mera mención de su nombre provocaba varaduras y naufragios. Algunos aportaron brumosos ejemplos, pruebas de lo indemostrable. Otros las repitieron. Lo que empezó como una broma terminó adquiriendo una dimensión y una fuerza que ni la mejor planeada de las conspiraciones hubiera podido lograr. La leyenda encontró terreno fértil en rencores de clase y rivalidades políticas, y su arraigo fue sorprendentemente duradero. Hasta bien entrada la década del 90, Dumas seguía siendo “el innombrable”. La prohibición de mencionar su nombre se enseñaba, en los cursos de instrucción, junto con los primeros rudimentos náuticos. Y sus hazañas fueron borradas de la historia, o de los relatos que, sobre la historia, hicieron quienes tuvieron el monopolio de contar cómo fueron las cosas.

Poco antes de partir en su vuelta al mundo Dumas justificó su viaje con esta frase:

“Voy en esta época materialista, a realizar una empresa romántica, para ejemplo de la juventud”.

Las etapas de la travesía fueron:
Buenos Aires - Ciudad del Cabo: Zarpó de Buenos Aires el 27 de junio de 1942 y llegó a la bahía Table (Ciudad del Cabo), el 24 de agosto. La travesía fue de unas 4.560 millas aproximadamente y fue realizada en 55 días.

Ruta que recorrió Vito Dumas con el Lehg II,
navegando 38.000 kilómetros en 272 días
(no se cuentan los días que permaneció
en puertos).
Ciudad del Cabo - Nueva Zelanda: El 14 de septiembre inicia su segunda etapa, y recorre cerca de 7400 millas hasta Nueva Zelanda, en 104 días.

Nueva Zelanda – Valparaíso: Dumas estuvo 33 días en el puerto de Nicholson, en Wellington, capital de Nueva Zelanda, luego de la etapa más dura de su viaje. La estadía le sirvió para reacondicionar al Lehg II. Finalmente partió el 30 de enero. Habían sido varios los navegantes que, navegando por donde lo iba a hacer Dumas, habían desaparecido sin dejar indicios de lo que les había pasado, entre ellos Al Hansen un navegante solitario noruego que había sido amigo suyo. Pese a todo logró navegar por el Océano Pacífico sin mayores sobresaltos.

Valparaíso - Buenos Aires: Pese a las advertencias de sus amigos del peligro de cruzar solitariamente el Cabo de Hornos, realiza la hazaña: "Estoy en la ruta de la muerte (...). El viento y el mar son fuertes (...), se apaga mi lámpara (...), un fuerte golpe me arroja contra un mamparo (...)" y le rompió el tabique de la nariz. Agregó: "He pagado barato mi precio por tal osadía (...)".

Llega entonces a Mar del Plata y tras nuevas vicisitudes a Buenos Aires.

Vito Dumas en el puerto de
Valparaíso, 1943.
Luego de un año y treinta y seis días, por la temible ruta de los "cuarenta bramadores" y de tocar los puertos de Ciudad del Cabo, Wellington, Valparaíso y Mar del Plata atravesando el peligroso Cabo de Hornos, arribó el 8 de agosto de 1943 a la ciudad de Buenos Aires, donde una multitud lo recibió con gran afecto.

Jean Merrien, escritor francés navegador y especialista en historia marítima, en su libro "Aux Limites du Possible" (En los límites de lo posible) se refirió a su proeza como "la hazaña más inaudita que hombre solo jamás haya cumplido en el mar".

Por su aventura marítima, Dumas recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex como uno de los deportistas más destacados de la historia en su país.

Otras proezas
En septiembre de 1945, fiel a su temperamento, y con su inseparable Lehg II, decidió emprender una travesía más, consistente en navegar hacia el Norte con destino a Nueva York. Su libro al respecto lleva el título de su viaje, El crucero de lo imprevisto: Buenos Aires, Montevideo, Punta del Este, Río de Janeiro, La Habana, Nueva York, Ceará, Montevideo, Buenos Aires.

Dumas llega al puerto de Buenos
Aires el 8 de agosto de 1943, desde 

donde zarpó el 27 de junio de 1942.
Cuando estaba a punto de culminar su intento, frente a Coney Island, fue arrastrado mar afuera y el mundo lo dio por muerto, hasta que fue hallado por el barco Serantes, al sur de las Islas Canarias. Pudo seguir navegando y recaló en Ceará, Brasil. Pasó 106 días en soledad, concretando el doble cruce del Atlántico recorriendo 17.045 millas en 234 días.

Posteriormente, trazó otro objetivo un poco menos desafiante: unir los puertos de Buenos Aires y Nueva York, en una sola escala, 7.100 millas, 117 días, proeza que logra en 1955 con su nuevo barco, el Sirio, una embarcación más pequeña aún que el Lehg II. Esta última se conserva actualmente en el Museo Naval de la Nación ubicado en la ciudad de Tigre. 


Ruta que siguió Dumas,
publicada en su libro El crucero
de lo imprevisto.
En este caso partió de Buenos Aires el 16 de septiembre de 1955 y pasó varios días en la región ecuatorial sin viento ni agua potable, lo que le provocó una grave deshidratación. Tuvo que recalar en Bermudas, donde fue hospitalizado, con síntomas de escorbuto y una presión máxima de 28. Aunque los médicos le recomendaron no volver a navegar, siguió su ruta, y tras enfrentar su última gran prueba (el huracán Ionne, que lo alcanzó muy cerca de la costa estadounidense), arribó al puerto de Nueva York, donde permaneció, enfermo, sin dinero ni proyectos, y afligido por el golpe de Estado y los bombardeos a Plaza de Mayo en su país, durante casi un año. Vendió su barco y regresó a Buenos Aires en un carguero.

Tapa del libro de Dumas titulado:
Los Cuarenta bramadores,
segunda edición, 1944.
Vito Dumas falleció el 28 de marzo de 1965, siendo víctima de un derrame cerebral, a los 64 años. Sólo cuatro buenos amigos, además de sus familiares, fueron a su entierro. Dejó los relatos de sus aventuras –realizó, como Colón, cuatro grandes viajes, y todos extraordinarios– y algunos misterios, como la identidad de una dama de la alta sociedad que lo amó y lo acompañó (L.E.H.G., nombre de sus dos primeros barcos, serían las iniciales de esta señora).

Inventó técnicas de navegación con mal tiempo que luego fueron imitadas por marinos de todo el mundo. Nunca escapó de los temporales: le gustaban porque, decía, la lucha es vida. En cambio, lo aterrorizaba la inmovilidad. “Antes dije que lo peor era el frío –le dijo al llegar a Mar del Plata a un periodista de Crítica–. No. Rectifico. Lo peor es la calma. Hay días terribles. No es solamente que el barquito se detenga a esperar los vientos propicios. Es la calma en sí. Ese terrible vacío”.

Varias calles y organizaciones en Argentina llevan su nombre en su homenaje.

Escribió los siguientes libros:

Solo, rumbo a la Cruz del Sur
Los cuarenta bramadores
El crucero de lo imprevisto
El viaje del Sirio
Mis viajes

Vea aquí un documental sobre Vito Dumas:


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