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martes, 5 de mayo de 2015

YACOUBA SAWADOGO, EL AGRICULTOR QUE VOLVIÓ FÉRTILES MÁS DE 3 MILLONES DE HECTÁREAS DE TIERRAS DESÉRTICAS

Sawadogo revivió una antigua técnica de cultivo que mejora la calidad del suelo, y como resultado vuelve más fértil las tierras desérticas. Sólo con una azada y una firme certeza de que todo puede cambiar, el agricultor comenzó su lucha contra el desierto.

Yacouba Sawadogo en la actualidad.
La lucha de Sawadogo contra el imparable avance del desierto del Sahara comenzó en 1974, cuando la sequía asoló el Sahel, la zona ecoclimática y biogeográfica de transición entre el norte del desierto del Sáhara y el sur de la sabana sudanesa. Mientras muchos de sus vecinos abandonaban sus aldeas, rodeadas de tierras estériles, este agricultor solo pensaba en hallar la forma de repoblar con árboles la región de Gourga, en Burkina Faso (ex República de Alto Volta hasta 1984). Lo tomaron por loco, pero cuarenta años después ha conseguido recuperar más de tres millones de hectáreas de terreno desértico en ocho países del Sahel y convertirlas en tierras de cultivo.

Yacouba practicando la agricultura "Zaï",
donde cava hoyos donde deposita estiércol
y compost al lado de las semillas.
Para lograr su objetivo, Yacouba Sawadogo decidió emplear una técnica de de agricultura tradicional denominada «Zaï», aunque adaptándola a los tiempos modernos. Este método consiste en cavar hoyos de unos veinte centímetros en los que se deposita estiércol y compost al lado de las semillas. Tras tres años de experimentación, este obstinado burkinés se convence de que el «Zaï» puede ser la solución definitiva para parar al desierto.

Cerca de la ciudad de Ouahigouya, creó un
bosque de 20 hectáreas en veinte años.
Los resultados parecen darle la razón. Desde las primeras lluvias, el rendimiento de las tierras se duplica e, incluso, llegan a multiplicarse por cuatro. Convencido de que puede revolucionar la vida de sus compatriotas, Sawadogo decide recorrer Burkina Faso en moto para enseñar la técnica a todos los agricultores que pueda.

Este burkinés, sin utilizar ningún logro de la civilización moderna, comenzó a plantar semillas usando la antigua técnica «Zaï», que poco a poco mejoró expandiendo pozos para que se mantenga la humedad, añadiendo estiércol y paja para retenerla por un tiempo más prolongado.

En ocho países del Sahel se está aplicando
la olvidada agricultura "Zaï" que hizo
resurgir Sawadogo.
Los experimentos del agricultor tuvieron éxito: la fertilidad comenzó a aumentar. Junto con las semillas de mijo y sorgo comenzaron a crecer árboles. Además, la mejora de los hoyos de plantación desarrollada por Sawadogo, permitió que penetre más agua en el suelo.

El desierto del Sahára se expande a través de
una región de transición semiárida, el Sahel. 

Hacer clic en el mapa para ampliarlo.
De ese modo, los acuíferos de agua subterránea en la región de Yatenga, que habían caído a causa de la sequía en la década de los 80, comenzaron a subir. Cerca de la ciudad de Ouahigouya, capital de Yatenga, en el norte de Burkina Faso, Sawadogo creó en 20 años un bosque de 50 acres o 20 hectáreas.

"Si cortamos 10 árboles diariamente y
ni siquiera plantamos uno en un año,
vamos directo a la destrucción",
afirma Yacouba.
Con el paso del tiempo, decidió mejorar el método plantando también árboles que ayudaran a mantener la humedad del suelo y favorecieran la infiltración natural del agua. Cuarenta y un años después de los primeros experimentos, su método ha recuperado más de tres millones de hectáreas de terrenos desérticos y se ha extendido desde Burkina Faso a ocho países de la región del Sahel. Sawadogo ha protagonizado varios documentales, como el titulado El hombre que detuvo el desierto, del año 2010, del cineasta Mark Dodd, y luego este campesino sigue su vida dedicándose a dar conferencias para tratar de expandir aún más los beneficios del «Zaï».

Sawadogo en su primer bosque ganado al
desierto del Sahára. Su técnica ha permitido
recuperar más de 3 millones de hectáreas
de tierras desérticas.
Aquellos que lo llamaban loco cuando lo veían plantar árboles en pleno desierto, ahora a los 67 años lo consideran un auténtico héroe. Sin embargo, Sawadogo, se conforma con saber que gracias a su empeño miles de agricultores son capaces de vivir del fruto de sus tierras. 

Su comprensión del mundo y la conservación son profundas: “Si cortamos 10 árboles diariamente y ni siquiera plantamos uno en un año, vamos directo a la destrucción”, afirma. 

Vea aquí el documental del año 2010 sobre su vida:

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