HUMANIDAD Y COSMOS es un programa que trata de traerle a usted eso que siempre se preguntó y nunca tuvo la oportunidad de escuchar… Hechos históricos ocultados, fenómenos insólitos, creencias, mitos y leyendas, arqueología proscripta, seres extraños, energías prohibidas, noticias curiosas, científicos censurados, el misterio de los objetos voladores no identificados, profecías y vaticinios, sociedades secretas, ecología, enigmas y soluciones para vivir física y espiritualmente sanos.


lunes, 25 de junio de 2012

A 100 AÑOS DEL “GRITO DE ALCORTA”, UN GRITO DEL QUE HOY QUEDA MUY POCO

La primera huelga agraria de la Argentina la iniciaron 2000 agricultores el 25 de junio de 1912, duró más de tres meses con la adhesión de cien mil trabajadores del campo.

Ingreso a la ciudad de Alcorta.
Hace un siglo estalló la rebelión de los arrendatarios agrarios contra la explotación de los grandes terratenientes que pasó a la historia como Grito de Alcorta. Esta primera huelga agraria tuvo como epicentro una localidad del sur santafesino, Alcorta.

Consiguió mejores condiciones para colonos de la región pampeana que alquilaban campos y hacían producir la tierra con sudor propio para beneficio ajeno. La gesta política, aderezada con ideas socialistas y anarquistas, le dio nacimiento a la Federación Agraria Argentina, entidad que enfrentó a los estancieros organizados gremialmente en la Sociedad Rural.

El Grito de Alcorta, la rebelión agraria de pequeños y medianos arrendatarios rurales, sacudió el sur de la provincia de Santa Fe y se extendió por toda la llanura pampeana.

Dónde se gestó el grito de libertad
Alcorta pertenece al Departamento Constitución, en la provincia de Santa Fe. Se encuentra a 300 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Fe y aproximadamente a 100 kilómetros de Rosario. Respecto a lacabecera de departamento la ciudad de Villa Constitución, está a unos 85 kilómetros y a 70 kilómetros de la ciudad de Pergamino, en el norte de la provincia de Buenos Aires.

Este poblado fue formado por vascos mayormente llegados desde San Sebastián, España. Casualmente, en la provincia de Guipúzcoa existe un caserío llamado precisamente "Alcorta". Pero el nombre de la ciudad santafesina proviene del apellido de Amancio Jacinto del Corazón de Jesús Alcorta, nacido en Santiago del Estero en 1805 y fallecido en Buenos Aires en 1862.

Fue un político, músico y compositor argentino, hijo de José Pelayo de Alcorta Larrañaga, nacido en Bilbao, Vizcaya, España, comerciante y de Gabriela de Zuasnábar Paz y Figueroa.

En 1857, la Comisión designada por el gobierno de la provincia de Santa Fe para la venta de terrenos de propiedad pública, vende el terreno fiscal llamado “Puestos de Medina”. Estas tierras, que comprenden la región en que se emplaza hoy Alcorta, fueron adquiridas en 1860 por Amancio Jacinto Alcorta. Tras su fallecimiento el 3 de mayo de 1862, el juez de primera instancia, doctor Eguia, nombra como albacea dativo de la testamentaria de don Amancio Alcorta a su viuda doña Coleta Palacio de Alcorta y a su hijo Santiago Damiano Alcorta.

En 1876, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda se dicta la “Ley de inmigración y colonización”, que precisaba quiénes serían considerados inmigrantes, sus derechos y deberes y las formas que podía adoptar la colonización de las tierras.

Estación de trenes de la ciudad de Alcorta.
En tanto, uno de los sucesores de Amancio Alcorta, Pedro Ramón Alcorta, comienza en 1878 las gestiones para que una línea ferroviaria pasara por sus tierras.

Durante la década de 1880, la provincia de Santa Fe logró un crecimiento espectacular. Se extendieron drásticamente las líneas ferroviarias y se redujeron los costos de navegación ultramarina. Colateralmente, estos cambios produjeron la triplicación del valor de la tierra.

En 1886, se comienza a construir la línea que uniría Villa Constitución y La Carlota, cuyo tramo hasta San Urbano es finalizado el 22 de junio de 1889 y, en ese momento, se construye la estación Alcorta. El 1º de mayo de 1890 se habilita la línea para el servicio de cargas, y el 26 de junio del mismo año se habilita al transporte de pasajeros. El 31 de diciembre de ese mismo año, se crea el departamento Constitución y toma parte del departamento General López, por lo que la Estación Alcorta y su jurisdicción pasan al nuevo departamento. Con la llegada del ferrocarril, la fisonomía del lugar comienza a transformarse: se instalaron almacenes de campaña, carnicerías y boliches, se poblaron las chacras y la estación Alcorta se hacía prometedora.

A principios de la década de 1890 aparecen las colonias particulares en la provincia de Santa Fe (antes eran fomentadas por el Estado). Los empresarios compraban tierras fiscales o privadas, y eran beneficiados por el Estado, ya que se los eximía del pago de impuestos por tres años. Las tierras eran arrendadas, parceladas, y subarrendadas a los colonos. Generalmente, este sistema era puesto en práctica por comerciantes de la zona, lo que derivó en una serie de cláusulas en los contratos que ataban al colono a la empresa.

El arriendo podía ser pagado en dinero o con un porcentaje de la cosecha, y en ambos casos el arrendatario debía hacerse cargo de todos los gastos. Asimismo, a partir de las obligaciones y restricciones que imponía al chacarero, se fue convirtiendo en obstáculo para la innovación tecnológica, además de provocar bajos niveles de vida, malas condiciones de asentamiento y escasa movilidad social para el trabajador de la tierra.

Pasa el tiempo y en la ciudad de Rosario, el 27 de abril de 1892, los señores Amancio Mariano Alcorta, Santiago Damiano Alcorta y Sebastián Alcorta, y las señoras Modesta Patrona Alcorta de Mattos y Eloísa Gabriela Alcorta de Williams, todos ellos hijos de don Amancio Alcorta, venden parte de sus tierras a don Juan Bernardo Iturraspe, precisamente los terrenos que hoy ocupan el pueblo de Alcorta y los campos aledaños al distrito urbano.

El 23 de junio de ese mismo año, Iturraspe pide formalmente la autorización al gobierno provincial para la fundación de un pueblo, obtenida del gobernador J. M. Cafferatta el 21 de diciembre de 1892. Para el momento en que se funda esta localidad, existían en la región extensos latifundios: campo “Laplacette”, situado entre los distritos Alcorta, Máximo Paz, Juncal y Pearson, con una extensión superior a las tres mil ha.; "La Eloisa", de tres mil ha.; "La Adela" que se extendía desde la salida de Alcorta hasta la zona de Chabás, con una superficie superior a las 20 mil ha., propiedad de la condesa Adelina Pombo de Botto, arrendadas por la empresa subarrendadora Genoud, Benvenuto, Martelli y Cía.; "La Sepultura", de más de tres mil ha., arrendada por los hermanos Camilo Cucco y Juan Cucco, que subarrendaban parcelas a los agricultores; campos "Colaso", de los herederos de Cándida Camino Colaso; campos "Madariaga" con una extensión superior a las siete mil ha.; "Las Gándaras" de sobre 30 mil ha.; La Baguala.

Poco a poco, Alcorta se transformaba: de un pequeño caserío rodeando la estación ferroviaria, en una localidad pujante, con enormes perspectivas de crecimiento. Sus tierras de incalculable fertilidad, la permanente llegada de inmigrantes, la fuerza emprendedora de sus habitantes, hicieron que Alcorta, creciera a una velocidad inesperada.

Transporte de cereales en carros, en la
primera década del siglo XX en Alcorta.
Pero así como crecía el pueblo, aumentaban también las injusticias para los agricultores que trabajaban la tierra para grandes latifundistas (generalmente los propietarios de la tierra eran políticos, ya sea provinciales o nacionales).
Por encontrarse equidistante de las localidades de Bigand, Máximo Paz, Juncal, Billinghurst, Carreras y Pearson, los chacareros han elegido a este pueblo como centro de negocios. Así entonces se ven florecer instituciones bancarias y casas matrices de diversas empresas.

Con el crecimiento de la red ferroviaria, se incrementó la superficie sembrada de trigo, el excedente del cual era exportado a Europa. Se implementó una política activa de inmigración, atrayendo muchos inmigrantes que huían de la pobreza europea con el objetivo de poblar las Pampas.

La llegada de más de tres millones de inmigrantes dedicados en gran parte a la agricultura, llevaron la frontera agrícola de 2.100.000 ha. en 1888 a 20.000.000 en 1912.

Pero esta gigantesca incorporación de mano de obra se realizó a través de contratos leoninos de arrendamientos quedando la propiedad en manos de la oligarquía terrateniente que la había recibido de quienes habían gobernado el país desde la independencia a la conquista del desierto, más allá de algunos intentos validos pero insuficientes de colonización expresados en proyectos y leyes de los presidentes Sarmiento y Avellaneda.

Estos contratos, verdaderos rosarios de explotación, se fundaban en un desmesurado costo del arrendamiento, la obligación de comprar los insumos y herramientas a los arrendadores a precios exorbitantes y de venderles lo producido a valores muy inferiores de los que realmente poseían.

Por más que se trabajara de sol a sol, los esfuerzos no alcanzaban ni para dar un mínimo de dignidad a las familias que llegadas desde Europa con la ilusión de construir un futuro próspero.

Una sucesión de malas cosechas, había dejado a los agricultores en una situación muy sensible, pero fue la formidable cosecha de 1912 la que motivo el repentino salto de conciencia, al comprobarse que a pesar de ella, luego de pagar las ingentes deudas nada quedaba en los bolsillos de los chacareros.


Estalla la rebelión
La estructura social del campo en el momento en que se desata la rebelión, estaba integrada por terratenientes, arrendatarios y subarrendatarios. Estos últimos se encontraban sometidos a los terratenientes a través de contratos que establecían, entre otras cosas, rentas impagables y la obligación de comprar herramientas e insumos a quien el terrateniente mandare, e imponían al colono las responsabilidades de una mala cosecha. Se llegó a un punto en que, por más que el colono trabajara de sol a sol y por buena que fuera la cosecha, al final de ésta no le quedaba ni lo más elemental para subsistir. El estudio de Juan Bialet Massé sobre "La condición de las clases trabajadoras", de 1901, es una radiografía clara del tratamiento infrahumano que recibían los colonos. Pasaron diez años desde ese informe y nada se hizo para mejorar la situación de los colonos.

Agricultores de Alcorta, en 1912.
El proceso que desembocó en el Grito de Alcorta fue muy complejo, la mayoría de los arrendatarios y medieros eran extranjeros (en algunas zonas llegaban al 80%), y en el campo primaba el individualismo y la desconfianza, lo que dificultaba la organización gremial. A su vez la Ley de Residencia, que permitía la deportación de extranjeros, causaba mucho temor. A pesar de esto, a principios de 1912 los chacareros organizaron sus primeras reuniones, ayudados por los sindicatos de estibadores y oficios varios, los anarquistas también alertaban que había que protestar en ese año de 1912 o jamás cambiarían las cosas.

El detonante del Grito de Alcorta fue la formidable cosecha de 1912, al comprobar los arrendatarios de la pampa húmeda que serían siempre víctimas de expoliaciones por parte de los terratenientes si no escuchaban la prédica anarquista y socialista.
Así iniciaron una serie de reuniones en el sur santafesino, en el noroeste bonaerense, en el sur este de Córdoba y en la provincia de La Pampa. En todos los casos se trató de protestas por las malas condiciones de contratación que los vinculaban a los terratenientes.

Todos los disconformes eran personas de bien y de trabajo, que no participaban en política pero las circunstancias de injusticia los obligaron a participar en una gesta  inédita y revolucionaria que trascendería y marcaría no solo las crónicas argentinas, si no las de todo el mundo.

En el período comprendido entre 1895 y 1914, las tierras volvieron a sufrir un importante incremento en su valor, que se tradujo en el costo de los arrendamientos: mientras que hasta 1895, oscilaba entre un 8% y un 15%, con contratos de alrededor de 6 años; en este período, no sólo aumentó a un 30% como mínimo, sino que, la duración de los contratos era de tres años como máximo, además de estar plagados de una serie de cláusulas que permitían al propietario desalojar al arrendatario cada vez que quisiera. Así, en el último tercio del siglo XIX, Santa Fe, que había sido uno de los estados menos desarrollados de la Confederación Argentina logra convertirse, en la segunda provincia argentina y en el primer productor de cereales del país. Obtuvo, también, una importante expansión comercial y la instalación de industrias dedicadas a la producción de insumos agrícolas.

Asimismo, la población de la provincia de Santa Fe se cuadruplicó y la cantidad de colonias alcanzó las 350. Comienza a conformarse un nuevo grupo social, compuesto por inmigrantes agricultores dispuestos a trabajar la tierra, a lograr una mejor calidad de vida que la que podían esperar en Europa, cada uno con sus costumbres, con su lengua.

Alrededor de 1910, el sueño de muchos inmigrantes comenzaba a transformarse en pesadilla: para los agricultores arrendatarios del sur de Santa Fe no sólo se volvió impensable comprar tierras, sino que se encontraban sujetos a contratos desmedidos, que coartaban todas sus libertades, que los mantenían viviendo en la miseria, casi esperando todos los días ser desalojados de la chacra por motivos absurdos, sujetos completamente a las decisiones y caprichos de sus patrones.

Como corolario de esta situación, la langosta y la sequía hicieron que se perdiera la cosecha de 1911 y los arrendamientos alcanzaron su punto máximo en precio. Esta situación despertó a los arrendatarios, que sintieron la necesidad de gritar basta, que quisieron seguir soñando aquel sueño engendrado en la Europa natal. Vinieron a Argentina para cambiar su situación de miseria y pobreza, y por eso mismo, no estaban dispuestos a conformarse con lo que la realidad les ofrecía.

Creyeron que esta era una causa conjunta. Comenzaron a reunirse, Alcorta y Bigand compartían la colonia La Adela, administrada por la firma Genoud, Benvenuto, Martelli y Cía, que subarrendaba la tierra a doscientas once familias por el 34 % de la producción, trillado, embolsado en bolsas nuevas y puesto en estación, con contratos de un año de duración. Además, los arrendatarios estaban obligados a comprar y vender en el almacén de ramos generales de la empresa, trillar y desgranar con sus máquinas y hacer todos los seguros con ellos.

En los primeros años del siglo XX, este tipo de contratos era moneda corriente en la región cerealera. Algunos con cláusulas más absurdas que otros, algunos por mayor porcentaje que otros –en Firmat alcanzaban hasta el 54% de la producción-, pero indefectiblemente, todos legalizaban, de algún modo, el abuso y la explotación de los arrendatarios.

“Los arrendatarios no tenían la menor seguridad en su trabajo, en cualquier momento podían ser desalojados del campo en que trabajaban y despojados de sus máquinas y útiles de labranza. Cualquier mejora que introdujera en la chacra quedaba a beneficio del patrón.” (diario El Zonda-“Suplemento historia”).

Frente a la pérdida de la cosecha de 1911, los colonos de Firmat y algunos comerciantes de campaña comienzan a reunirse para pensar posibles salidas a su situación. En estas reuniones comprenden que la salida sólo puede ser conjunta, que debían unirse para reclamar a sus patrones, y que la conformación de una liga agraria los ayudaría a organizarse. Conforman, así, la Sociedad Cosmopolita de Agricultores de Firmat, primera liga agraria de la provincia, que agrupaba a los chacareros de la zona.

Francisco Bulzani (1872-1948), fue
uno de los principales protagonistas
 y promotores del Grito de Alcorta.
En marzo de 1912 escriben un manifiesto en el que alentaban a los colonos a unirse a la protesta y en una reunión a la que asiste Francisco Bulzani, arrendatario de la colonia La Adela, éste se hace cargo de distribuirlos en Alcorta, Bigand y Bombal.

Francisco Bulzani, nacido en 1872, que asistía a las reuniones de esta entidad, tomó el manifiesto para distribuirlo en Alcorta, Bigand y Bombal. (Fuente: Cecchi, A.: "Tras la huella socialista en Firmat").

Bulzani, se convierte en voz de los pesares de los chacareros, organizando, hablando, demostrándoles que era necesario hacer algo para cambiar la situación en la que se encontraban. Y poco a poco, fueron sumándose: Francisco Perugini, Francisco Gilarducci, Francisco Menna, Nazareno Lucantoni, el sacerdote José Netri, el comerciante Ángel Bujarrabal.

Pronto decidieron realizar una reunión en la casa del comerciante Bujarrabal, quien les explicó que la única manera posible de cambiar la situación en que se encontraban era iniciar una huelga. Además, lea ofreció apoyo económico y ofreció su almacén como centro de reuniones. Decía José Gilarducci, uno de los principales organizadores de la huelga:

Ángel Bujarrabal ofreció su
sótano para que se
reunieran los agricultores.
“Con seis o siete compañeros, los colonos Damián Arfinetti, Francisco Bulzani, Domingo Biagotti, Nazareno Lucantoni y Francisco Menna, a quien posteriormente asesinó la policía durante una reunión agraria en Firmat, solíamos reunirnos en un sótano de la casa del comerciante Bujarrabal. “Era un buen mayorista don Ángel Bujarrabal” —recuerda Gilarducci-, “porque él fue quien principalmente nos aconsejaba de que hiciéramos la huelga y peticionáramos lo que nos correspondía: la rebaja de la tierra”. “Al principio teníamos miedo porque la policía nos amenazaba y nos encarcelaba por perturbadores del orden, por eso en la casa de ramos generales, en el sótano entre comestibles, artículos de labranza y cajonería, nos reuníamos y discutíamos la huelga.” (citado en: diario Democracia, 27 de junio de 1954).

Poco a poco, las reuniones comenzaron a multiplicarse: en el almacén, en la chacra de Bulzani, en la parroquia o donde fuera, corridos por los patrones o la policía, los chacareros sabían que la huelga sería un hecho. En Alcorta, en Bigand, en Bombal, en Máximo Paz, sabían que todos trabajaban por lo mismo. Recorrían las chacras, repartían los manifiestos, hablaban, explicaban que la fuerza de todos podía lograr que cambiara la situación en que se encontraban.

El 15 de junio de 1912, los chacareros de la zona se reunieron en asamblea en la plaza de Bigand, en la que Luis Fontana, dependiente de un almacén de campaña del señor Víctor Bigand, sugirió elevar un petitorio a los propietarios para modificar los contratos de arrendamiento, dándoles un plazo de quince días para la contestación.

El 17 de junio los chacareros de Alcorta se reunieron en el edificio de la Sociedad Italia de Socorro Mutuo e Instrucción (inaugurado el 20 de setiembre de 1903), bajo la presidencia de Francisco Bulzani, y decidieron invitar a los propietarios a una asamblea pública el día 25 de junio para tratar los contratos de arrendamiento.

María Robotti de Bulzani
(1887-1971), otra valiente
y sufrida huelguista.
En Alcorta y Máximo Paz los párrocos eran José y Pascual Netri, hermanos que apoyaron incondicionalmente a los chacareros, participaron de sus reuniones, los escucharon, los confortaron y les ofrecieron el asesoramiento legal de su hermano, el Dr. Francisco Netri. El 18 de junio, Francisco Bulzani y el Padre José Netri visitan al abogado en Rosario para pedirle redactara un modelo de contrato especificando las reformas que los chacareros creían necesarias. El Dr. Netri no sólo aceptó el pedido, sino que se comprometió a asistir a la asamblea del 25.

En los días siguientes, las reuniones se intensificaron, el Padre José Netri invitaba a los chacareros a la asamblea desde púlpito de la parroquia, Bujarrabal los ayudaba a organizar (su almacén fue demolido en la década de 1980) y María Robotti, nacida en Italia en 1887 y esposa de Francisco Bulzani, los alentaba a declarar la huelga.

Cuenta la historia que el día anterior a la asamblea, varios de los hombres reunidos en su casa dudaban sobre las acciones a tomar, y ella les dijo: "No sé ustedes, pero yo, ya empecé con la huelga, no cocino más" Y se desprendió del delantal arrojándolo en la mesa y diciendo: "Para morirme de hambre trabajando, me muero de hambre sin trabajar".

Frente de la Sociedad Italia de Socorro
Mutuo e Instrucción de Alcorta donde
se reunieron los agricultores.
Más de dos mil agricultores de Alcorta, Bigand, Bombal, Carreras, Firmat y San Urbano (Melincué) asistieron a la asamblea en Alcorta, en el local de la Sociedad Italia de Socorro Mutuo e Instrucción el 25 de junio de 1912. Además de los colonos presentes, las delegaciones de casi 40 localidades vecinas acercaron petitorios firmados por dos mil colonos más.

"El aspecto era imponente, pues aquella gran masa de hombres acostumbrados a empuñar el arado, convertida en asamblea deliberante, causaba una impresión casi exótica y semejante en algo a la que producen en el ánimo del observador los grandes concursos populares en que se debaten cuestiones ideológicas, de índole política o doctrinaria, en pro del resurgimiento de las colectividades conscientes de sus derechos" (diario La Capital, 26 de junio de 1912).

Consecuencias del 25 de junio
Ese día, por la mañana, el Dr. Francisco Netri, fue recibido en la estación de Alcorta, bajando de un tren que venía desde Rosario en compañía de algunos periodistas. Como asesor de los agricultores, asistió a la asamblea donde hablaron los delegados de distintos pueblos. A las 12 se pasó a un cuarto intermedio donde Netri fue agasajado por Francisco Bulzani, Francisco Caporalini, Hermenegildo Gasparini, Nazareno Lucantoni y otros colonos, reuniéndose a almorzar en el Hotel Colón, propiedad de Juan Ardizio, para hablar acerca de la continuación de la asamblea que se realizaría luego, a partir de las 14 horas.

Participantes el 25 de junio de 1912,
en la asamblea que proclamó el Grito de Alcorta.
La famosa asamblea se realizó en la Sociedad Italia de Socorro Mutuo e Instrucción, sita en Bulevard 9 de Julio 726, bajo la presidencia de Francisco Bulzani. De la misma, participaron alrededor de 2000 agricultores  de Alcorta, Arequito, Bigand, Bombal, Carreras, Casilda, Chabás, Firmat, Fuentes y San Urbano (Melincué), quienes entre manifestaciones combativas declararon la huelga por tiempo indeterminado, hasta conseguir, entre otras reivindicaciones: “1) rebaja general de los arrendamientos y aparcerías; 2) entregar en las aparcerías el producto en parva o troje, como salga; 3) contratos por un plazo no menor de 4 años”.

Este modelo de contrato se aprueba por unanimidad y además se aprueba la declaración de huelga general propuesta por Francisco Bulzani:

El 25 de junio de 1912 más de 300 agricultores
se fotografiaron frente al almacén de
ramos generales de Ángel Bujarrabal.
“No hemos podido pagar nuestras deudas y el comercio, salvo algunas honrosas excepciones, nos niega la libreta. Seguimos ilusionados con una buena cosecha y ella ha llegado, pero continuamos en la miseria. Apenas si nos alcanza el dinero para pagarle al almacenero que nos viene surtiendo todo el año. Esto no puede continuar así. Debemos ponerle fin a tan triste como temeraria situación, caso contrario se producirá el éxodo campesino que debemos evitar a cualquier precio. Los propietarios se encuentran reacios a considerar nuestras reclamaciones y demandas. (…) Pero si hoy sonríen por nuestra protesta, puede que mañana se pongan serios cuando comprendan que la huelga es una realidad…” (En: Grela, P.: “El grito de Alcorta. Historia de la rebelión campesina de 1912.” Ed. Tierra Nuestra, 2º ed. 1997. Pág. 60.).

Colonos de Ramallo, provincia de
Buenos Aires en 1912.
Aunque la declaración formal de huelga se realizara el 25 de junio, ya hacía días que los colonos de la zona habían abandonado los trabajos, y en menos de dos semanas habían declarado formalmente la huelga más de cien mil agricultores de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa.

Con el paso de los días, los huelguistas fueron logrando cada vez más adhesiones. Al apoyo inicial de los anarquistas y socialistas, de los curas y los pequeños comerciantes, fueron sumándose los profesionales y amplios sectores populares. Ante el temor de tener que afrontar grandes pérdidas económicas, los terratenientes fueron cediendo lentamente y hacia mediados de 1913 la inmensa mayoría de los arrendatarios había logrado una importante rebaja de los arrendamientos. De todos modos, la oligarquía logró mantener cláusulas leoninas en los contratos, que imponían restricciones a la libertad de comprar y vender.

El Grito de Alcorta, si bien no modificó sustancialmente la estructura agraria, favoreció el surgimiento de organizaciones campesinas en otros lugares del país.

Busto en Alcorta del gran
abogado Francisco Netri
(1873-1916).
Las formas se repetían hasta el cansancio: asamblea de chacareros, declaración de huelga, designación de comisión, nueva asamblea para constituir una liga agraria. Los colonos organizadores recorrían las localidades, ayudaban, apoyaban, junto al Dr. Netri. Y pronto comenzaron a trabajar para conformar una asociación gremial agrícola, que los representara, que los defendiera de los abusos de los patrones, que los uniera.

Los medios gráficos de todo el país empiezan a hacerse eco de la protesta. Todos acordaban en que el silencio y falta de respuestas por parte de los propietarios conduciría al país a una crisis total, ya que, en una especie de efecto dominó, al no sembrarse el lino o el trigo, sobrevendría una crisis comercial, seguida de una desvalorización de la propiedad rural y, finalmente, la restricción del crédito y credibilidad en el exterior. Hubo excepciones: Camilo y Juan Cucco aceptaron las condiciones de los colonos el 27 de junio, y Víctor Bigand, el 3 de julio.

Sin embargo, en la medida en que fueron pasando los días y los colonos no cambiaban su actitud, los propietarios y subarrendadores comenzaron a preocuparse. Comienza a escucharse su voz en la prensa, acusando a los colonos de avaros, pretenciosos, ineptos, holgazanes… Organizaron una reunión en la Sociedad Rural de Rosario, en la que conformaron una comisión para que se ocupara de la resolución del conflicto.

Comisión de huelga de los colonos
de Alcorta en 1912.
El 30 de junio se realizó una nueva asamblea en Bigand. Asistieron más de 2.500 colonos de varias localidades, entre ellas, Firmat, Bahía Blanca, La Plata, y quienes estaban conformando la Unión Agrícola de la Provincia de Buenos Aires. Allí, muchos colonos comunicaron que habían recibido a los patrones en sus chacras, intentando convencerlos de volver al trabajo con amenazas de desalojo.

En la medida en que el conflicto se extendía, las autoridades comenzaron a preocuparse. El Dr. Menchaca, gobernador de la provincia de Santa Fe, decide nombrar una comisión, formada por el vice gobernador Ricardo Caballero, el intendente de Rosario Daniel Infante y un estanciero, Toribio Sánchez, para investigar el conflicto.

Se reunieron con colonos y propietarios, escucharon todas las voces, y elevaron al gobernador un informe en el que se manifiesta claramente a favor de los colonos, haciendo responsables de la crisis agraria a propietarios y empresas subarrendadoras.

Asimismo, sugieren las características que consideran deberían tener los contratos y expresan claramente su postura frente al conflicto:

Colonos de San José de la Esquina en 1912.
“Pero, donde a juicio de esta comisión se halla la solución definitiva para todas las cuestiones de esta índole, es en la reforma de toda la legislación, común o constitucional, que se oponga al establecimiento de la siguiente facultad, que consideramos de derecho pleno de todo labrador, en todas las partes del mundo:

El jefe de familia, de oficio labrador, que no tenga tierra propia y la desee para labrarla por sí y por los suyos, tiene derecho a que se expropie para él en el paraje que él designe, siempre que se trate del perímetro de una propiedad mayor de mil hectáreas y no cultivada por el dueño, una fracción no mayor de veinte y cinco hectáreas por el precio asignado para la contribución directa y un cincuenta por ciento más, la mitad del cual se reputa tolerancia en la evaluación para el impuesto, y la otra mitad precio de afección y compensación del trabajo a emplear y el tiempo a perder en el nuevo empleo de los capitales, que habrá de hacer el propietario expropiado.” (La Capital, 23 de julio de 1912).

A pesar de la claridad del informe de la comisión, el gobierno provincial no tomó cartas en el asunto: su única acción fue ofrecer a los agricultores tierras del norte de la provincia con un costo de arrendamiento más bajo.

En la medida que pasaban los días y los tiempos de roturación de la tierra se agotaban, el Ministro de Agricultura de la nación, Mugica, se decide a investigar la situación, enviando al Director de la División de Ganadería y Agricultura, Sr. Emilio Lahítte a la región en conflicto. Luego de una gira hecha por la provincia de Santa Fe y de varias reuniones con los miembros de la Sociedad Rural de Rosario, el Sr. Lahítte informó:

“(…) todo cuanto se refiere a cumplimiento, reconsideración y modificación de contratos preexistentes, puede y debe ser resuelto por los mismos contratantes, porque no hay poder alguno que pueda sobreponerse a lo que las partes han acordado “legalmente” y pueden modificar por la voluntad de ambos.(…).

Los arrendatarios y aparceros han conformado una colectividad incidental para un fin único, la rebaja de arrendamiento, o la parte de utilidad que corresponde al capital inmobiliario de la explotación agrícola; (…) Lo más práctico, a mi entender, sería que las partes acordaran la constitución de una “junta arbitral”, compuesta de personas elegidas por cada una y autorizadas para entender y resolver sumariamente en cada uno de los contratos comprometiéndose unos y otros a aceptar la resolución de la junta.” (La Prensa, 17 de julio de 1912).

Colonos de Pergamino, en el norte
de la provincia de Buenos Aires.
Mientras tanto, el conflicto se acrecentaba. A pesar de que en las publicaciones periódicas hablaban de la calma con que los chacareros manejaban el conflicto, la policía los asediaba permanentemente. Atendiendo a los intereses de los patrones, persiguieron, encarcelaron y reprimieron a los huelguistas.

Durante el tiempo que duró el conflicto, fueron detenidos colonos de Firmat, Santa Teresa, Villa Constitución, Alcorta, Los Molinos, San Vicente, Marcos Juárez, Carmen, Arteaga y Venado Tuerto. Además, fueron apresados el señor Basualdo, director del diario Eco del Sur de Venado Tuerto, el Pbro. José Netri de Alcorta y el Pbro. Ángel Grotti de Arteaga, cuyo único delito fue apoyar el movimiento de agricultores.

El movimiento se extendía, empezó a surgir, cada vez con mayor fuerza, la necesidad de conformar una entidad capaz de agrupar, representar y defender a los agricultores.

Nace la Federación Agraria Argentina
El Dr. Francisco Netri, como asesor letrado de los colonos, organizó una asamblea general con los delegados de todas las localidades y la comisión veedora del gobierno de Santa Fe, con el fin de fundar una institución para luchar por los derechos de los agricultores.

El 1° de agosto de 1912, en la asamblea, los agricultores conforman la Federación Agraria Argentina, cuya finalidad principal sería:

“(…) conseguir por todos los medios lícitos la mejora de la situación de los trabajadores del campo, solidarizando sus esfuerzos, a fin de que las energías de todos, defiendan los derechos de cada uno.” (Palabras del Dr. Netri. En La Prensa, 6 de agosto de 1912).

Primer Comité central de la
Federación Agraria Argentina en 1912.
El 15 de agosto, en una nueva asamblea, se aprueban los estatutos para la Federación Agraria Argentina redactados por algunos de los agricultores, y Antonio Noguera es designado presidente del Comité central. El Dr. Francisco Netri ocupa el lugar de asesor letrado. De Alcorta participan del Comité Central Francisco Bulzani, como Primer Vocal Titular, y Francisco Perugini, como Prosecretario. En el número 1 del Boletín Oficial de la Federación Agraria Argentina, dice el Dr. Netri:

“El grito de rebelión proclamado en Alcorta el 25 de junio ppdo., está por cerrar una página de las más hermosas del histórico movimiento. La huelga agraria que ha tenido la virtud de levantar a más de cien mil colonos en Santa Fe, primero, y sucesivamente en Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y territorio de La Pampa, puede decirse que está terminada después de tres meses de sacrificios, heroicamente soportados por los cultivadores de la tierra.” (En Grela, P.: “El grito de Alcorta. Historia de la rebelión campesina de 1912”; Ed. Tierra nuestra, 2ª edición, 1997. pág. 67.).

Antonio Noguera, primer
presidente de la Federación
Agraria Argentina.
Sobre fines de septiembre de 1912, todos los agricultores habían vuelto al trabajo. Habían obtenido ciertas mejoras: el 28 % de la cosecha, en parva y troja y como salga, el 6 % de la chacra para pastoreo, libertades para contratar máquinas, para comprar y para vender, contratos con una duración de tres años o más…

La pampa gringa comenzaba a retomar su tranquilidad, la tierra volvía a ser roturada, la solución parecía haber llegado. Sin embargo, en poco tiempo la alegría del triunfo comenzó a desvanecerse: no se dictó una ley de arrendamientos, y, por lo tanto, en poco más de un año, los contratos abusivos resurgieron en todos lados.

Los colonos volvieron a movilizarse, una y otra vez, ahora exigiendo la promulgación de esa ley, reclamando el amparo del Estado, pidiendo protección frente a la explotación.

Los hermanos Netri
El apellido Netri sería fundamental para que la oligarquía terrateniente agrupada en la Sociedad Rural tuviera su primera huelga agraria. Los sacerdotes José y Pascual Netri que estaban en las localidades de Alcorta y Máximo Paz respectivamente, hacía un año venían escuchando los reclamos de los peones. Por más que el colono trabajara de sol a sol y por buena que fuera la cosecha, al final de ésta no le quedaba ni lo más elemental para subsistir. Es así que ambos curas arman una comisión y llegan a Rosario para presentar el problema a su hermano menor, Francisco Netri, abogado recibido en Nápoles, Italia, pero que tuvo que revalidar todas las materias en Santa Fe.

Francisco Netri “se comprometió a muerte, con una vocación increíble, pudo llevar a cabo sus ideales porque no les cobró un centavo”, recuerda su nieto Alberto Netri, presidente de la Cámara de Apelaciones de Circuito de los Tribunales Provinciales.

El abogado Francisco Netri
fue asesinado en Rosario el
5 de octubre de 1916.
Netri y sus hermanos sacerdotes habían sido varias veces amenazados y perseguidos. Al padre José lo detuvieron en la Alcaidía de Rosario acusándolo de formar parte de una mafia y a su hermano Pascual, la iglesia lo trasladó a Rufino. La tarde del 5 de octubre de 1916, un sicario asesinó a Francisco a balazos en el pecho en la vereda de calle Urquiza casi esquina Mitre, en la ciudad de Rosario, cuando Francisco se dirigía a la Federación Agraria. Si bien se detuvo al asesino, se lo juzgó y condenó, nunca se supo quién o quiénes fueron los ideólogos.

No sería el único, en 1917, en la localidad de Firmat, durante un mitín, la policía mató a balazos a los dirigentes rurales anarquistas Francisco Menna y  Arturo Barros.

Por su parte, Francisco Bulzani y su esposa María Robotti en 1915 tuvieron que huir para salvar sus vidas y se establecieron en Córdoba. Bulzani murió en la localidad cordobesa de Montecristo en junio de 1948. María Robotti regresó a Alcorta donde falleció el 4 de mayo de 1971 a los 84 años.

Con anterioridad, Netri ya había perdido su clientela adinerada de la ciudad de Rosario, aquellos que le venían a pedir sus servicios profesionales, se fueron alejando porque lo vieron identificado con un sector que la sociedad consideraba adversarios. También tuvo amenazas y atentados estando en Máximo Paz, tenía dos cátedras en el Colegio Nacional Nº 1, ganadas por concurso, que se las quitaron por un decreto del Ministerio de Educación de la Nación, como revancha por haberse involucrado con la gente del campo. Tenía una biblioteca importantísima de la que tuvo que desprenderse de a poco, vendiendo sus libros, para poder subsistir sin arrodillarse ante los poderosos.

El sacerdote José Netri,
fue otro de los pilares
fundamentales de la
rebelión contra la
injusticia.
Francisco Netri, nació en Albano, Lucania, Italia, el 2 de abril de 1873. A la temprana edad de 5 años quedó huérfano de padre y fue su hermano José quien se hizo cargo de sus estudios. Ingresó en el Instituto Sarli, en Potenza, y luego pasó a la ciudad de Nápoles, lugar donde culminó sus carrera en Derecho con las mejores calificaciones. Allí mismo comenzó a ejercer su profesión junto a colegas de renombre que le estimaban y guiaron en sus primeros desempeños profesionales.


Pero el mayor cambio en su vida lo constituyó la huelga agraria que estalló en Alcorta (Sta. Fe) el 25 de junio de 1912. El escritor rosarino Plácido Grela, en un enjundioso trabajo de investigación histórica titulado "El Grito de Alcorta", hace un pormenorizado análisis de los sucesos protagonizados por los colonos de la región, atropellados y explotados por los terratenientes insensibles a los padecimientos de las mujeres y de los hijos de estos poco menos que esclavos que con motivo de la fervorosa protesta fueron encarcelados.

Faltos de asesoramiento legal, pidieron apoyo al cura del pueblo que casualmente era hermano del Doctor Francisco Netri. Éste, ante el requerimiento de su hermano José que había fracasado en el pedido de liberación de los presos, decidió intervenir para corregir la injusta privación de libertad de los que reclamaban condiciones más dignas de vida para las explotadas familias agrarias.

Como serio hombre de Derecho, al ser visitado por una delegación de colonos que vino a Rosario, estudió y analizó los contratos legales que tenían suscriptos con los terratenientes y que debían cumplir. ¿Por qué no lo hacían? Causas excepcionales como la depresión mundial de los productos frutos del esfuerzo personal no les proporcionaba en mínimo indispensable para su supervivencia aunque las cosechas fuesen abundantes.

Netri pensó que los propietarios accederían pero lamentablemente no fue así. No quisieron atender razones y se aferraron a la letra de sus contratos negándose a conceder rebajas en los arrendamientos y aparcerías. Planteadas las cosas de esta manera, Netri alentó a los colonos a resistir y continuar con la huelga.
En busca de nuevos y más prósperos horizontes emigró a la Argentina, no para lograr fortuna sino para juntarse con su madre y sus cinco hermanos que ya vivían en Rosario y para verse rodeado del afecto familiar que todo humano necesita.


Francisco no necesitó demasiado esfuerzo para revalidar su título; para lograrlo contó con su clara inteligencia y así pudo ejercer su profesión en nuestro medio donde instaló su bufete que pronto contó con nutrida y selecta clientela que valoró y reconoció su capacidad y lo que es muy importante: su honestidad.

Obtuvo por concurso la cátedra de "Idioma italiano" en el Colegio Nacional Nº 1 "Domingo Faustino Sarmiento", agregándose más tarde la de "Historia del comercio" anexada a "Geografía", donde sus lecciones fueron calificadas como brillantes.

La Revista Argentina de Ciencias Políticas que tuvo al Dr. Rodolfo Rivarola como fundador y director, contó con sus colaboraciones al igual que otra revista que supo despertar gran interés en su tiempo: Revista de Ciencias Económicas.

Publicó capítulos sobre temas especializados como "El histerismo en la criminología", "Notas sobre el delito en el Arte", "La reincidencia criminal específica y reiterada", "El poder judicial", "El fenómeno de la desocupación", "La doble nacionalidad", siendo este último tema de primordial actualidad en nuestra Argentina de finales del siglo XX y principios del XXI, dándose la circunstancia de que muchos hijos o nietos de esforzados inmigrantes están volviendo al sitio originario de sus ancestros.

La Sociedad Italiana de Socorros Mutuos "Unione e Benevolenza" lo contó en la nómina de sus presidentes. Además presidió la Comisión de Homenaje al Embajador Martini. También fue presidente del Comité XX de septiembre en 1908 y de la Comisión de Recepción y Homenaje al Profesor Ferri. Fue iniciador del Ateneo, lugar donde convergían intelectuales sin distinción de nacionalidad; del "Círculo Dante Alighieri" y del "Círculo de la prensa de Rosario".


Valorado por su intelecto, la Sociedad de antropología de Roma lo contó entre sus asociados, siendo además Miembro honorario y corresponsal de la oficina de heráldica italiana en Florencia y del Instituto Jurídico Internacional de Milán.

Colocación de la piedra fundamental del
Monumento al Grito de Alcorta, en la
conmemoración del 50º aniversario
en junio de 1962.

Sólo hay que deplorar que una vida tan valiosa como la del Doctor Francisco Netri, y de la que se podían esperar más contribuciones que las que ya había elaborado exponiendo problemas que aún subsisten sin solucionar porque favorecen a unos pocos y perjudican a la gran mayoría, haya sido segada por un asesino en una céntrica calle de Rosario, pero la obra del Dr. Francisco Netri, presidente de la Federación Agraria Argentina y Director del periódico La Tierra, no pudo ser acallada; muy por el contrario, tanto la Federación como el periódico continuaron la lucha sin claudicaciones.

Hoy la situación es casi como hace un siglo
Si bien transcurrieron cien años, la historia vuelve a repetirse con matices distintivos pero con idénticas causas ahora los actores de la agricultura son los grandes los fideicomisos, los pooles de siembra, las empresas multinacionales y las corporaciones y los marginados los mismos: los chacareros, los humildes trabajadores de la tierra.


La renta agraria hoy se concentra de una manera inaudita y los grandes beneficiarios son un pequeños grupo de empresas que tienen en sus manos toda la cadena de valor: producen, transportan, procesan y embarcan sin intermediación con obvia ganancia extraordinaria que la usan para producir las condiciones de contorno para que los pequeños chacareros le alquilen sus campos y a acentúen el proceso de concentración hasta niveles insospechados.

Monumento al Grito de Alcorta,
en la ciudad homónima.
Las capas medias agrarias del siglo XXI hoy continúan alzando su voz para el reclamo por la inexistencia de una Ley de arrendamiento ágil y que esté pensada en los chacareros, agricultores y productores tradicionales que ordene el uso de la tierra y que les permita ser partícipe de la renta agraria, porque la estructura latifundista del agro argentino continúa intacta. 

Que esta gesta que tuvo como base primera la lucha contra la injusticia y la desigualdad social sea un ejemplo que, sin lugar a dudas, jamás debería ser olvidada y los argentinos tendrían que tener grabado para siempre. 

"Estos hombres de campo ya no luchan para sí, sino por sus hogares y por sus hijos, para que tengan la seguridad de un futuro de la que ellos carecen. Estar a su lado en esta hora debería ser la posición de todo argentino", Dr. Francisco Netri.


Vea los videos documentales sobre esta lucha histórica aquí:





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