jueves, 21 de junio de 2012

33.000 SOLDADOS INGLESES SE RINDEN EN TOBRUK

Durante la Segunda Guerra Mundial, el mariscal Erwin Rommel (1891-1944) tomó el 21 de junio de 1942 la ciudad de Tobruk en poder de los británicos, lo que significó una gravísima derrota.

Días antes había vencido los británicos en la Batalla de Gazala, el 15 de junio de 1942, que tuvo un saldo de 98.000 bajas británicas y 540 carros de combate destruidos o averiados. El grueso del ejército inglés huyó hacia Tobruk, Rommel avanzó sin darles tiempo a los británicos a reorganizarse.

La situación en Tobruk
Libia era una colonia italiana y la ciudad había sido fuertemente fortificada debido a su proximidad con la frontera egipcia. Tobruk tenía una ubicación estratégica durante la Segunda Guerra Mundial ya que su puerto se encontraba protegido y permitía recibir suministros.

La ciudad había sido tomada por los británicos en 1940 tras expulsar a los italianos y fue sitiada desde el 10 de abril al 27 de noviembre de 1941, por el Afrikakorps contra a la guarnición aliada que defendía el puerto de Tobruk, Libia. Durante el sitio de Tobruk se desencadenaron cruentos combates entre tropas australianas y las fuerzas del Eje. Luego de 240 días, el sitio fue levantado por los alemanes. La retirada alemana sirvió para que ambos bandos se reabastecieran y reorganizaran, ahora Rommel estaba nuevamente a las puertas de Tobruk.

El Mayor General H.B. Klopper
comandante encargado de
la defensa de Tobruk.
El 14 de Mayo de 1942 la defensa de Tobruk fue confiada al Mayor General H.B. Klopper, comandante de la 2ª División sudafricana, cuya experiencia de la guerra en el desierto era más bien nula. Parece ser que ni siquiera existía un plan de emergencia para la defensa de Tobruk. Sin embargo, dentro del cerco defensivo, no faltaban ni los hombres ni los abastecimientos necesarios. Además de la División sudafricana, estaban la 32° Brigada de carros (con unos sesenta carros de combate), la Brigada 201 Guardia y la 11ª Brigada de infantería hindú, así como tres regimientos de artillería de campaña y dos de artillería media: en conjunto, más de 35.000 hombres y 2000 vehículos.

Las reservas de que disponían eran, por lo demás, abundantes, ya que, en previsión del «gran avance» en la Cirenaica occidental, se habían acumulado casi 7 millones de litros de gasolina, 130.000 cargas para los cañones de 25 libras y varios millones de raciones alimenticias, suficientes para resistir al menos durante tres meses. Y éste era el reverso de la medalla: amplios sectores de las defensas, incluido el foso contra carros blindados, estaban en pésimo estado y los campos minados presentaban amplias brechas de terreno libre.

En segundo lugar, había desaparecido toda esperanza de un apoyo aéreo eficaz. Y en tercero, la Marina no estaba en condiciones de poder ofrecer una ayuda efectiva; y, por último, el General Klopper sólo disponía de unos pocos cañones antitanques, que eran la única arma que podía compensar, al menos parcialmente, las otras deficiencias. Para hacer frente al asalto de las fuerzas acorazadas enemigas los defensores sólo tenían 15 cañones de 6 libras y 40 de 37 mm.

El asalto a Tobruk
El 18 de Junio Rommel había completado el asalto de Tobruk. El Afrikakorps, apoyado por la División italiana Ariete, llegó a muy escasa distancia del cerco defensivo externo, mientras los ingenieros alemanes abrían nuevas brechas a través de los campos minados.

Ante una llamada urgente del Teniente General N. M. Ritchie, el comandante de las fuerzas derrotadas en Gazala y que se habían guarecido en Tobruk, el general Sir Claude Auchinleck, comandante de las fuerzas británicas en el Cercano Oriente voló desde El Cairo hasta la frontera libia, y juntos elaboraron un nuevo plan que respondiera a las posibilidades reales del 8° Ejército británico en aquellos momentos. Los ingleses estaban confiados que Tobruk era inexpugnable. Después de esto publicaron con fecha 20 de junio, un comunicado cautamente optimista que decía: «Confiamos que Tobruk resistirá hasta que hayan finalizado todas las operaciones de relevo de las unidades que deben reemprender la ofensiva».

La zanja antitanque que se
extendía desde Tobruk
hasta El Adem.
El mismo 20 de Junio Rommel lanzó su propia ofensiva antes de lo previsto, eligiendo para el ataque principal el mismo sector del cinturón defensivo externo que eligiera, en 1941, el General O'Connor; empezó con un violento bombardeo aéreo en picado, efectuado por 150 aviones de todos los tipos, al que siguió, a las 8, un ataque de tres divisiones acorazadas que actuaban en la reserva. Los defensores opusieron una tenaz resistencia, pero Rommel tenía en sus manos todas las cartas de la baraja. A media mañana los alemanes habían penetrado casi 2500 metros y la 90° División Ligera alemana había rechazado con facilidad un vacilante intento del XIII Cuerpo de Ejército inglés de realizar una acción de distracción.

A las 16 horas las fuerzas ítalo-alemanas controlaban el aeródromo; tres horas más tarde los carros de combate de la 21° Panzerdivision cruzaban Tobruk en dirección al puerto, donde los defensores se afanaban en destruir las instalaciones.

La unidad de Sanidad alemana, una de
las primeras en ingresar en Tobruk.
El General Klopper hizo lo imposible por organizar una parodia de defensa; pero tropezó con muchos obstáculos debidos a su propia decisión, tomada aquella misma mañana, de destruir todas las líneas de comunicación con el mando. El día 21, por la mañana, Klopper envió un mensaje cuyo contenido dejaba traslucir, sin ninguna duda, la inminente caída de Tobruk: «Esta noche haré salir a las fuerzas móviles. Imposible resistir hasta mañana. Fuerzas móviles casi nulas. Resistiremos hasta el último hombre, hasta el último cartucho». Era ya casi el final. Con un último gesto de desafío, los defensores intentaron destruir los depósitos acumulados en el sector oriental. Una compañía entera trabajó durante horas y horas, sin descanso, en la destrucción de los bidones de gasolina, mientras el precioso líquido se derramaba por las arenas del desierto; por último, con las botas empapadas y casi intoxicados por los vapores, tuvieron que desistir.

Miles de prisioneros ingleses esperando
ser trasladados a Italia tras la
rendición de Tobruk.
Klopper ya no podía hacer nada más. A las 8 de la mañana, enarbolando bandera blanca, una delegación se dirigió al encuentro de Rommel para tratar los términos de la rendición, y casi inmediatamente después las unidades empezaron a rendirse, una tras otra, a las polvorientas y valientes fuerzas alemanas.

Los últimos en capitular, en la tarde del día 21, fueron el 2º VH Gurkha Rifles y el 2º Carneron Highlanders, cuando ya prolongar la resistencia hubiera significado para ellos el exterminio total. Tobruk había caído. La fortaleza que un año antes había resistido durante siete meses había caído tras sólo un día de combates.

Rommel y el general Bayerlein en Tobruk,
caminando ante un grupo de prisioneros.
Al General Klopper y a casi 33.000 soldados aliados (19.000 ingleses, poco menos de 9000 sudafricanos blancos, el resto indios y sudafricanos indígenas), les aguardaba el campo de prisioneros. Rommel se apoderó también de 2000 toneladas de gasolina, 5000 toneladas de víveres, miles de municiones (en parte de fabricación italiana y alemana) y de casi 2000 vehículos todavía en buenas condiciones de uso, así como del puerto, bastante dañado pero siempre importante, y de unas grandes instalaciones para la destilación del agua.

Según los datos oficiales alemanes, Rommel había pagado esta victoria con 3360 pérdidas —limitadas a las unidades alemanas- desde el 26 de Mayo al 21 de Junio, esto es, casi el 15 % del potencial del Afrikakorps. Aquí están incluidos también los caídos que tuvieron en la reciente Batalla de Gazala. Las pérdidas de los italianos fueron, probablemente, algo inferiores. El Afrikakorps, de todos modos, perdió 300 oficiales, o sea un 70 %. Rommel comunicó su propio triunfo con un lacónico telegrama: “La fortaleza de Tobruk ha capitulado”.

El Mariscal de Campo Erwin Rommel
en el norte de África.
Veinticuatro horas más tarde, Rommel, con 50 años de edad, comandante del Afrikakorps, fue ascendido a Mariscal de Campo. Al mando de fuerzas inferiores en número, pero que estaban mejor preparadas para la lucha había vencido en pocos días a los británicos en dos batallas, la de Gazala y ahora ocupan Tobruk y la ciudad de Bardia.

En líneas generales, más de 50.000 británicos murieron siguiendo órdenes absurdas. Churchill se encontraba en Washington cuando Tobruk se rindió. Por una ironía del destino la noticia llegó al Servicio de Información estadounidense antes que el Ministerio de la Guerra británico pudiera comunicársela al Primer Ministro, de manera que la dolorosa misión recayó en el presidente Roosevelt.

El presidente norteamericano quedó tan impresionado por la desesperación de su amigo masón, que se comprometió a enviar al Norte de África 250 de sus novísimos carros de combate Sherman. Según Churchill, para la estrategia británica. «Fue uno de los golpes más duros de la guerra, que yo recuerde -dice en su Historia de la Segunda Guerra Mundial, al hablar de Tobruk.— No sólo las repercusiones militares fueron nefastas, sino que el buen nombre de todo el Ejército británico quedó en entredicho... Una cosa es la derrota, otra muy distinta, el deshonor».

La noticia de la derrota del 8° Ejército británico en Gazala y la caída de Tobruk provocó, como es lógico, una reacción totalmente distinta en Alemania y en Italia, donde el entusiasmo fue desbordante. Los detractores de Rommel —que no faltaban en Roma ni en Berlín— se convirtieron en sus más entusiastas apologistas y la decisión del Führer de conceder al victorioso comandante del Afrikakorps el grado de Feldmarshall (Mariscal de Campo) halló eco entusiasta en todas partes.

2 comentarios:

  1. muy interesante y demuestra la gran habilidad y capacidad que contaba Rommel, para enfrentar al enemigo, en inferioridad numerica y de equipos, Rommel un mariscal fuera de lo comun, y referente a tener muy en cuenta.

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  2. Una gran victoria de Rommel que no tuvo consecuencias finales ya que debido a la sangría del ejército alemán en este, Rommel no recibió ningún tipo de apoyo por más que lo solicitó.
    Si Hitler hubiera esperado a que Rommel llegara al Cáucaso, la guerra contra Rusia hubiera sido más larga. Pero hubiera sido otra totalmente diferente si Hitler no hubiera invadido Rusia.

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