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viernes, 6 de enero de 2012

PRIMERA DERROTA INGLESA EN EL RÍO DE LA PLATA

El 6 de enero de 1763, cerca del mediodía, barcos ingleses y portugueses atacan la ciudad de Montevideo que pertenecía a la Gobernación del Río de la Plata, un sector del Imperio Español que por aquel entonces correspondía al Virreinato del Perú. Dicha Gobernación estaba encabezada por Don Pedro de Cevallos.

En 1776, debido a su gran importancia estratégica, el reino de España, a la gobernación la convirtió en el Virreinato del Río de la Plata, nombrando merecidamente como su primer Virrey a Don Pedro de Cevallos.

El ataque anglo-portugués se hizo sin mediar declaración alguna de guerra. La primera andanada es respondida por las baterías de tierra, desarrollándose un violento combate, con graves daños mayoritariamente para los atacantes.

Antecedentes del ataque
Desde comienzos de 1762 en Londres se venía elaborando un plan para intervenir en el Río de la Plata apoyándose en Colonia del Sacramento, plan que involucraba al gobierno portugués, al gabinete inglés de Thomas Pelham-Holles, 1° duque de Newcastle, y a la Compañía Británica de las Indias Orientales británica (British East India Company). Según este plan, quedaría la Banda Oriental para los portugueses y la Banda Occidental (luego sería conocida como Argentina) para los británicos. La Compañía organizaría la expedición, por lo que el status legal de la expedición proyectada era discutible y la acercaba a una operación corsaria.

Bandera de la Compañía Británica de
las Indias Orientales (1600-1874). 
La Compañía efectuó una suscripción hasta lograr reunir 100.000 libras esterlinas y aportó las naves, publicando un bando en las calles de Londres solicitando tripulantes aventureros para la expedición, asegurando "libertad absoluta para el saqueo".

El 14 de enero de 1762 se adquirió el HMS Kingston, navío de 1068 toneladas construido por Bassel en Hull en 1697. De 60 cañones, que fue rebautizado como Lord Clive, reforzado y llevado a 64 piezas de bronce y puesto al mando del capitán John MacNamara, formalmente oficial de la Compañía. Adquirida también al Almirantazgo la fragata Ambuscade, de 40 cañones, al mando del capitán William Roberts, la flota zarpó de Londres en julio de 1762 rumbo a Lisboa con 700 hombres de tropa y dotación.

En la capital portuguesa, MacNamara fue reconocido por las autoridades como jefe de la escuadra “para ser tenido entre los portugueses como de su propio Monarca [...] y también las órdenes convenientes para que sacara de Brasil las embarcaciones y tropas necesarias”.

El 30 de agosto de 1762 partió rumbo a Río de Janeiro. Allí su gobernador Gomes Freire de Andrade, conde de Bobadela, reforzó su escuadra con la fragata Nossa Senhora da Gloria, de 38 cañones, ocho bergantines de transporte, y una fuerza de 600 hombres al mando del teniente coronel Vasco Fernandes Pinto Alpoin. Gomes Freire recomendó también a MacNamara que desembarcara en la Ensenada de Barragán, por su calado y porque además no estaba aún protegida.

El 20 de noviembre la escuadra dejó Río de Janeiro previendo desembarcar en la Ensenada de Barragán y marchar sobre la ciudad de Buenos Aires.

Por temor a encallar en un banco de arena, ya que no conocían los canales del Río de la Plata, cambian el ataque a Buenos Aires por el de la Banda Oriental. El 2 de enero la escuadra anglo-portuguesa se apostó frente a Montevideo con intenciones de efectuar un ataque, pero al día siguiente llegó desde Río de Janeiro un buque portugués con órdenes de regresar. Un práctico que iba a bordo les informó que los navíos tenían mucho calado para entrar a Montevideo y le aconsejó pasar a Colonia del Sacramento, cuyos canales de acceso decía conocer bien.

MacNamara reunió a bordo de su nave capitana una junta de guerra la cual decidió atacar Colonia. El 4 de enero de 1763 fondearon en el Riachuelo frente a Colonia, ensayando un golpe de mano y varios ataques menores para tantear las defensas, los que fueron rechazados.

El ataque
El 6 de enero, era día de Reyes y Mac Namara previó que la población de Montevideo estaría entregada a la liturgia que se celebraba en la festividad católica. Al mediodía, 11 barcos ingleses y portugueses atacaron la ciudad. Los tres buques mayores cañonearon a las principales posiciones fortificadas de la plaza: el Lord Clive frente al Baluarte de Santa Rita, el Ambuscade frente al de San Pedro Alcántara y la Gloria frente al baluarte de San Miguel. Iniciado el bombardeo de la plaza al mediodía y desde una distancia de unos 400 metros, el intercambio de fuego se mantuvo por cuatro horas.

El General Don Pedro de
Cevallos, gobernador y
capitán general de las
 Provincias del Río de
la Plata. En 1776 fue
nombrado primer Virrey
del Río de la Plata.
Pese a lo intenso del fuego, más de 3000 disparos de bala rasa y metralla, las tropas del gobernador Pedro de Cevallos, parapetadas en un terreno bajo, no sufrieron mayores bajas, pues los tiros enemigos eran muy elevados.

Una anécdota refiere que uno de los vigías que apostó Cevallos en la costa le mandó un mensaje informando el avistaje y agregando que “esos buques están buenos para la bala roja”.

Efectivamente, a las 16:00 horas una bala roja, una bala de hierro calentada al rojo vivo, desató un fuerte incendio en el Lord Clive, el que hasta ese momento había sufrido 40 bajas. En el siniestro murieron 272 de sus tripulantes, incluyendo al comandante MacNamara. De los 78 sobrevivientes que abandonaron el barco a nado (otros dos en un pequeño bote), 62 fueron capturados por las fuerzas de Cevallos. El Ambuscade y el Gloria, seriamente averiados y con numerosas bajas (80 en la fragata británica) se retiraron hacia Río de Janeiro tras cuatro horas de duelo de artillería.

Mapa actual de la ciudad de
Montevideo, Uruguay.
Las pérdidas españolas fueron de sólo cuatro muertos en el fuerte. Cevallos consiguió recuperar parte de la artillería del Lord Clive antes de que estallara la santabárbara al anochecer, cerca de las 20 horas. Luego del naufragio, los españoles arrojaron pesadas piedras sobre la nave para evitar que los ingleses eventualmente la reflotaran.

Los atacantes, desmoralizados se retiraron sin tomar la ciudad. España y sus súbditos habían triunfado una vez más sobre sus enemigos.

Los náufragos del Lord Clive fueron interrogados y luego de un sumarísimo juicio, los oficiales fueron ahorcados. El dudoso status legal de la expedición, confirmado por la consideración en Londres tras la derrota de la condición de corsarios de sus miembros, hacía que no fueran considerados prisioneros de guerra sino asimilables a piratas. Por su parte, la mayoría de los prisioneros, tripulantes sin rango, fueron trasladados a Buenos Aires e internados en el interior del país.

En febrero de 2004 un equipo de buceadores dirigido por el argentino Rubén Collado encontró los restos del Lord Clive.

Tanto los ingleses como los portugueses no escarmentarían con esta derrota y su ambición los hizo volver una y otra vez a intentar apoderarse de las tierras rioplatenses, sufriendo los invasores escandalosas derrotas, pero esa, es otra historia.

Por Alberto Seoane.

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