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sábado, 11 de febrero de 2012

PÉRDIDAS ANGLO-FRANCESAS EN PASO DEL TONELERO

En 1845 se produjo en el Río de la Plata un bloqueo naval franco-británico, con numerosos combates entre 1845 y 1846 ante intentos de invasiones fluviales y terrestres, repelidos todos con gran fiereza y patriotismo por los argentinos.

El motivo de este conflicto fue que las potencias europeas Francia e Inglaterra, buscaban nuevos mercados para sus productos comerciales. Decidieron que los ríos interiores de la Confederación Argentina eran de todos los países, o sea que los propios habitantes no podían ejercer su soberanía sobre ellos.

Siguiendo el modelo de los países europeos, el gobierno de Juan Manuel Rosas sostenía que la navegación de los ríos interiores de la Confederación Argentina era privativa de los buques de esa nacionalidad, y que toda excepción a esta regla debería ser especialmente autorizada por la autoridad nacional. Rosas sostenía que los ríos de la Plata y Uruguay debían ser considerados interiores, aunque compartidos entre la Argentina y el Uruguay. Por su parte, el río Paraná debía ser considerado sin discusión un río interior de la Confederación Argentina.

Mapa de la Confederación
Argentina en 1845.
Entonces, ante la defensa de la soberanía por parte de los confederados, ambas potencias europeas decretaron establecer un bloqueo al puerto de Buenos Aires que comenzó en 1845 y recién finalizó en 1849.

En esa época las naciones agresoras realizaron en otros países y en los distintos continentes acciones similares, y para justificarlos invocaron los más variados argumentos camuflando su vocación imperial. La prepotencia mercantil llevó a los ingleses a apoderarse hacía pocos años de la India a sangre y fuego y crear en China la llamada “guerra del opio” (1839-1842), donde para mayor semejanza con lo que harían en el Plata no faltó ni siquiera la apertura a cañonazos del río Yangtsé.

En la misma época del conflicto rioplatense con las dos potencias europeas, el 11 de mayo de 1845, los Estados Unidos le declaran la guerra a México y los actuales estados de Texas, California, Nevada, Utah, Colorado, Arizona, Nueva México y Oklahoma pasaron a ser parte del territorio estadounidense.

Para efectivizar esas ambiciones mercantiles expansionistas en el Atlántico sur decenas de barcos mercantes y barcos de guerra ingleses y franceses fueron llegando al Río de la Plata y se concentraron en Montevideo.

Juan Manuel de Rosas
(1793-1877), logró una
victoria diplomática sin
precedentes, ante dos
de las flotas más
grandes de su tiempo.
El 17 de noviembre de 1845 zarpó de Montevideo una gran flota, con la misión de abrir el río Paraná al comercio transatlántico, formada por decenas de buques de vela y a vapor, y 100 buques mercantes. Llevaba a bordo 113 cañones, de calibres de 24 a 80. La comandaban los almirantes Massieu De Clerval y sir Charles Hotham.

La flota combinada tenía quince buques de guerra ingleses y franceses, bien armados y tripulados, y se la consideraba “con mucho la fuerza naval más considerable vista hasta entonces en el Río de la Plata”. Comenzaron a remontar el Paraná escoltando a un centenar de buques mercantes. El día 18 de noviembre, once buques de guerra, llegaron más allá de San Pedro y, dos días después al recodo conocido por la Vuelta de Obligado. Otros llegaron después: todos debían concurrir a violar y ofender la soberanía Argentina para mayor provecho de los dos países más poderosos y ricos del mundo: Francia e Inglaterra.

Es así que el 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado se produce el primer enfrentamiento entre los argentinos y la poderosa flota de barcos de guerra ingleses y franceses.

La presencia extranjera pretendía forzar el libre comercio en el Litoral y el Paraguay, el libre tránsito por el estuario del Plata y los ríos interiores pertenecientes a la cuenca del mismo, y utilizar a Montevideo como una factoría comercial para ambas potencias. Juan Manuel de Rosas, rechazó todas las intimidaciones de las potencias europeas. Su decisión fue resistir, no inclinarse ante el enemigo.

Así comenzó la llamada “Guerra del Paraná”, donde el enfrentamiento de Paso del Tonelero fue uno de los tantos hitos que marcaron la defensa de la Patria.

Batalla de la Vuelta de Obligado.
En un recodo del río Paraná, comenzó la primera batalla, que duró siete horas y que se la conoce como La Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845); luego hubo otro enfrentamiento en la vuelta del Paso de Tonelero, cerca de Ramallo (el 9 de enero de 1846);  y otro encuentro en el mismo sitio el 10 de febrero de 1846 y otro el 5 de abril). Luego se atacó a la escuadra anglo-francesa en San Lorenzo, donde se repelió un desembarco que constituyó la Segunda (y olvidada) Batalla de San Lorenzo (el 16 de enero de 1846); y por si no les alcanzaba, se produjo la batalla de Angostura de Quebracho o Punta Quebracho el 4 de junio de 1846, donde los invasores sufrieron serias bajas, muy cerca de San Lorenzo.

El brigadier Juan Manuel de Rosas había ordenado fortificar la costa, en particular, un paraje que hoy es sitio histórico, ubicado 9 kilómetros aguas arriba de la localidad de Ramallo. Allí se montó el dispositivo de defensa en paraje denominado Paso del Tonelero, cerca del arroyo Las Hermanas.

El general Lucio Norberto Mansilla estaba a cargo de toda la defensa costera y había ordenado extender de orilla a orilla tres cadenas con las que pretendía frenar a la escuadra invasora. Pero una fuerte tormenta en Paso del Tonelero desarmó la instalación, por lo que se eligió un nuevo lugar. Éste fue la Vuelta de Obligado, un recodo donde el Paraná se angostaba a 700 metros, a 18 kilómetros al norte de San Pedro.

Río arriba de San Pedro estaba la isla y Paso del Tonelero que era muy importante en esos tiempos; porque es uno de los nueve pasos angostos y de poca profundidad por la formación de meandros en el Paraná inferior, posición estratégica en aquellas épocas que llevaba a la necesidad de ocupación permanente de dicho espacio por medio de baterías y cañones. Según palabras de Domingo Faustino Sarmiento: “…El río tiene un canal determinado que pasa a tiro de fusil de las barrancas del Tonelero. “

General Lucio Norberto
Mansilla (1789-1871),
un valiente que se
enfrentó a fuerzas muy
superiores en número.
El general Lucio Norberto Mansilla (que en 1814 estuvo bajo las órdenes del general San Martín en el ejército de los Andes), tras la dura batalla de la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro, logró causarle a la flota varias averías el día 9 de enero de 1846 en El Tonelero, en el noreste de la provincia de Buenos Aires cerca de la ciudad de Ramallo, y también en Acevedo, cerca de San Nicolás de los Arroyos.

El general Mansilla colocó convenientemente su artillería volante en la costa de San Nicolás y El Tonelero, y se trasladó desde San Pedro (a pesar que estaba herido de la reciente batalla de la Vuelta de Obligado), para dirigir personalmente la resistencia al pasaje del convoy de los que especulaban con la guerra y el poderío imperial.

El 9 de enero llegaron los barcos del convoy, Mansilla enfiló contra ellos sus cañones y cuatro buques británicos y franceses fondearon a su frente respondiéndole con su artillería de grueso calibre. Así protegieron el paso del convoy, el cual se alejó de la costa y hacia una isla interpuesta frente a la posición de Mansilla.

En la imposibilidad de hostigar a los invasores a través de las islas que se levantaban entre ambas costas a esa altura del Paraná, el general Mansilla fue siguiendo por tierra el convoy para atacarlo donde se pusiese a tiro y lo hizo en Acevedo, disparándoles con los cañones del coronel Juan Bautista Thorpe.

Cohete a la Congreve usado por
los invasores anglo-franceses
en la Guerra del Paraná.
El 10 de febrero de 1846, en Paso de Tonelero la artillería patriota se enfrentó una vez más a una parte de la escuadra anglo-francesa que venía subiendo trabajosamente el Paraná.

Los intrusos emplearon en El Tonelero los cohetes Congreve que eran unos cohetes traídos de Asia y perfeccionados por el inglés William Congreve (1772-1828) para lanzarlos directamente desde los barcos. Eran proyectiles autopropulsados semejantes a las actuales cañitas voladoras pero más letales. Aunque la eficacia mortífera de un cohete Congreve era comparable a la mejor artillería de su época, el mayor efecto era el psicológico ya que los atacados por estos cohetes primero se veían afectados por llamaradas y luego por estampidos provocando el pánico entre quienes nunca los habían visto en acción.  El cohete más grande de Congreve pesaba 14,5 kg en vacío y tenía un bastón de cola de 4,6 m de longitud. Originalmente los bastones se montaban en los laterales, pero más tarde se cambió la posición a una más central, reduciendo su arrastre y permitiendo una mayor precisión al cohete cuando se lanzaba desde un segmento de tubo.

La corbeta inglesa Alecto, se hallaba entre los navíos de guerra de la flota invasora, y uno de los oficiales de la embarcación, Lauchlan Bellinghan Mackinnon, describió en un libro con gran detalle y mucha objetividad, los combates que la Alecto libró en el río Paraná y en cuyo transcurso se usaron cohetes en varias oportunidades.

El primer encuentro se produjo el 10 de febrero de 1846, mientras la Alecto navegaba hacia Corrientes para unirse al resto del convoy allí anclado, a la altura de El Tonelero (barranca de Acevedo, entre Ramallo y San Nicolás).  Dice Mackinnon en su “Biografía” que “en este pequeño encuentro usamos los cohetes por primera vez y produjeron a bordo gran asombro porque había una sola persona, el artillero Mr. Hamm, que había visto tirar con ellos o sabía lo que eran.  Por no seguir el dictamen del Mr. Hamm fueron mal disparados y resultaron de poca utilidad, pero quizá esto mismo fue de provecho porque sirvió para que se pusiera más atención lo que redundó en un beneficio para nosotros.  El ruido extraordinario y el fragor tremendo con que eran arrojados, y el humo que producían estos proyectiles, llamó la atención de todos a bordo”.

Cañón naval Paixhan, desarrollado por el
general francés Henri-Joseph Paixhans
 entre 1822 y 1823.
Ese 10 de febrero, hubo un cañoneo de tres horas de ambas partes, siendo averiado frente a la isla de Tonelero el vapor Gorgon, enviado a pedir refuerzos en buques y hombres y tuvo que regresar. Ese mismo día los vapores Firebrand y Alecto llevando los refuerzos solicitados son hostigados en Tonelero. Ambos buques de guerra ingleses bombardearon durante tres horas el campo del Tonelero con balas a la Paixhans 64. Eran obuses estriados y de retrocarga los Paixhans, que disparaban balas de 80 libras. 

La artillería e infantería de los argentinos comandados por el mayor Manuel Virto les respondió con denuedo, y no consiguieron más que matar algunos milicianos, e incendiar y destrozar los ranchos y árboles que había.

Respecto a los ingleses, al día siguiente (febrero 11), al pasar la Alecto próxima a la costa, se prepararon los cañones de 24 y cohetes de 12 libras para defenderse del ataque de los argentinos.  Mackinnon describe que “después de algunos segundos de intenso ruido de fuego de reculada, el cohete se disparó con su común e irresistible violencia, abriendo un claro en la barranca como de cinco pies”.

La flota anglo-francesa (100 buques mercantes escoltados por 15 barcos de guerra británicos y franceses con 113 cañones), prosiguió su avance hacia el norte y fue permanentemente cañoneada en todo su recorrido. Pese a todos estos combates, la flota logró llegar a Corrientes, donde pudieron realizar algunos intercambios comerciales, aunque no muy beneficiosos, ya que se trataba de una provincia pequeña y poco poblada gobernada por Joaquín Madariaga. Lo que sí resultó útil al gobierno correntino fue la importante cantidad de armamento aportada. Luego siguieron viaje hasta Paraguay.

En el transcurso del mes de marzo, la Alecto bajó de Corrientes a Montevideo, emprendiendo el regreso a comienzos de abril. Gracias a su gran velocidad río abajo, las baterías criollas no pudieron dar alcance al huidizo rival, pero al navegar contra el curso del agua se entablaron nuevamente (al igual que en enero del mismo año) dos breves combates.  Sobre el paso de El Tonelero (abril 5 de 1846), donde el general Mansilla, cuñado de Rosas, seguía alerta, Mackinnon relata:

“Era curioso observar a los cohetes: el viento los desviaba y hacían un movimiento extraño.  Al salir de los caños mantenían la dirección conveniente por distancia de unas 300 ó 400 yardas (270 a 420 metros) y luego tomaban de golpe una dirección semicircular, haciendo todos una figura parecida a una hoz, para caer después en línea recta como una estrella fugaz y estallar en el suelo.  Es difícil explicar este raro movimiento, salvo que el fuerte viento que entonces soplaba formara remolinos de aire y éstos vinieran de las barrancas”.

Sin duda, las ráfagas de viento pudieron haber sido en parte las causantes de la curiosa trayectoria de los cohetes, debido a lo cual ninguno de los proyectiles alcanzó su objetivo. Otra razón, empero, que puede venir a explicar la trayectoria “en forma de hoz” pudo ser la inestabilidad propia de los proyectiles por el uso de su estabilizador lateral.  Si bien no existen pruebas concluyentes, parecería que se usaran en esa oportunidad tubos cilíndricos con una vara-guía lateral, con lo que la ineficacia del arma quedaría explicada.

Al día siguiente del encuentro en El Tonelero, la Alecto volvió a intercambiar tiros de cohetes y balas de artillería con las fortificaciones costeras, pues Mackinnon relata que “al poco tiempo teníamos nuestros tres cañones y los cohetes en pleno fuego”.

Ese 6 de abril en Tonelero la corbeta de guerra Alecto es averiada junto al buque francés Gazendi y al Coquette, siendo éstas embarcaciones que iban como refuerzo río arriba.

A raíz de esos ataques, que se repetían imprevistamente desde cualquier juncal de la costa, la operación comercial anglo-francesa resultó un fracaso, por más que hubiera conseguido remontar el Paraná, pues, ¿quién se arriesgaría a solventar un tráfico comercial que necesitaba, para sostenerse, del apoyo de toda una flota?

Al fracaso comercial se unió, posteriormente, el militar. Al bajar de regreso el Paraná, en la Angostura del Quebracho, perteneciente hoy a Puerto General San Martín, en la provincia de Santa Fe, la artillería del general Lucio N. Mansilla le disparó el 10 de junio de 1846 más de 1.400 cañonazos y más de 20.000 tiros de fusil, consiguiendo desorganizar el convoy e incendiar siete barcos, con las únicas bajas de un muerto y cuatro heridos. Pero esa, es otra historia que llegará a su debido momento.

Como la mayor parte de la mercadería de los invasores no pudo ser colocada, el costo de la aventura se elevó considerablemente. Los beneficios fueron escasos y los agresores, tras 6 meses de navegación, debieron replegarse a Montevideo pues los acosaba el hambre, las enfermedades y el desánimo.

La superioridad en armamentos de la escuadra anglo-francesa causó más daños a ellos mismos que a los defensores. La enseñanza que extrajeron los ingleses y los franceses fue que sería muy costoso volver a navegar por los ríos de la actual Argentina sin la anuencia de la entonces Confederación Argentina. Esto los llevó a aceptar nuestra soberanía sobre los ríos interiores.

Hoy día una acción como la desplegada por la flota anglo-francesa se consideraría un error grosero desde el punto de vista del manejo de riesgo operacional por la resistencia presentada por los lugareños.

Sintiéndose derrotados estratégicamente, en mayo de 1847 arribaron a la Argentina los comisionados conde Alexandre Joseph Colonna-Walewski (Francia) y Lord Howden y el 14 de julio de 1847 cesó el bloqueo británico. Francia cesó el bloqueo el 16 de junio de 1848.

El Tonelero y Angostura del Quebracho, son dos victorias claras contra los invasores, probaron que a veces puede resultar fácil ingresar a un territorio pero difícil retirarse del mismo sin pagar el costo de una elevada cantidad de bajas.

En la historia de Paso del Tonelero se libraron cuatro combates, tres en 1846 contra la flota anglo-francesa (uno el 9 de enero, otro el 10 de febrero y otro el 5 de abril) y el cuarto en 1851 contra siete barcos de guerra brasileños que osaron remontar el río Paraná. Los brasileños lograron pasar a costa de muchas bajas.

Foto de Paso del Tonelero, en Ramallo.
El terreno que sirvió para cuatro batallas
contra enemigos de la Argentina ha
sido privatizado a tres empresas.
Como una ironía del destino, actualmente, en el Paso del Tonelero se le concesionaron a empresas privadas 40 hectáreas del sitio histórico para establecer en ellas tres emprendimientos diferentes: un astillero naval, un puerto ganadero y una arenera.

Mientras tanto, la ciudadanía permanece indignada ante este nuevo atropello para borrar la memoria histórica de la heroica defensa de la soberanía nacional argentina.

Lo mismo sucede en todos los sitios donde los argentinos combatieron heroicamente desafiando el poderío anglo-francés, son concesionados por 30 monedas  a empresas que pisotean el lugar para intentar borrar la memoria histórica con la complicidad de los políticos corruptos de turno.

Por Alberto Seoane

7 comentarios:

  1. Hundiré esos barcos franceses e ingleses con mi Nautilus. Siempre estuve del lado de los pueblos oprimidos.

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  2. América para los americanos ......

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  3. Capitán de Mar y Guerra12 de febrero de 2012, 5:04

    Para que el bloqueo tenga éxito necesitamos a Russel Crowe.

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  4. El artículo es interesante y recordatorio de las políticas colonialistas de las superpotencias. Es tan actual como si estuviesemos hablando del tema de las Islas Malvinas con el destructor inglés enviado para amenazar.
    Sin embargo en el tema de armamento, el artículo tiene un error y es respecto al cañón rayado y de retrocarga que se dice fue usado. En 1846, el comandante piamontés Cavalli había proyectado y hecho construir, en una fábrica sueca, un cañón de retrocarga con ánima rayada. Dentro del cañón existían surcos helicoidales que imprimían al proyectil disparado un movimiento circular o de trompo que lo estabilizaba en su trayectoria y su alcance era mayor que un tubo con ánima lisa. Por lo tanto dada la fecha de los combates ningún combatiente poseía cañones rayados.
    Respecto a la retrocarga o carga por la culata del cañón, si bien había prototipos desde el siglo XVI, el uso de la carga de los cañones por la culata se generaliza hacia 1875 y a pesar de esto en los años 1879 y 1880 hubo percances graves en el navío inglés Thunderer y el italiano Duilio, por que el cierre de la culata no era perfecto dada la tecnología de la época.
    Estas fechas son una evidencia de que el artículo tiene un error, ya que los combates relatados se produjeron en los años de 1845 y 1846 y en ese año recién se fabricaba en Suecia el primer canón rayado.
    Si bien puedo equivocarme, estoy en la casi total certeza que tanto los argentinos como los ingleses y franceses no disponían de por lo menos cañones rayados ....... y mucho menos de cañones de retrocarga .......

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    1. Estimado Gsalinas:
      Creemos que el artículo sobre el combate de Paso del Tonelero no tiene ningún error respecto a los cañones empleados por la flota franco-británica en el río Paraná. Como bien dice la Wikipedia, el Cañón Paixhan (en francés: Canon Paixhans) fue la primera arma naval diseñada para disparar proyectiles explosivos. Este cañón fue desarrollado por el general francés Henri-Joseph Paixhans (1783-1854), entre 1822 y 1823.
      Los Paixhans fueron los primeros cañones que combinaron la munición explosiva con trayectorias planas afectando así a las embarcaciones de madera. Se lo empleó con éxito en Brest en 1823 y 1824, en este último año se los instaló a bordo del buque francés Pacificateur. En 1827 la marina francesa ordenó 50 cañones Paixhans para sus buques.
      A partir del año 1840 este cañón fue utilizado por naciones como Francia, Estados Unidos, Rusia e Inglaterra como “nueva arma naval”.
      Para la época en que los combates de la “Guerra del Paraná” sucedieron (en 1845 y 1846), este cañón ya era algo común en los barcos de las primeras potencias de la época.
      En el río Paraná, entre los buques invasores de la flota franco-británica, además de la fragata inglesa HMS Alecto, llevaban a bordo cañones Paixhans el bergantín francés Pandour que tenía 10 cañones Paixhans de 30 libras.
      Los Estados Unidos instalaron 4 Paixhans de 68 libras en 1842 en la fragata USS Constitution y los estrenaron en la invasión de México en 1845.
      Por tanto, si Ud. quiere seguir negando la existencia de este tipo de arma, hágalo, pero está completamente equivocado.

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  5. Bien Alberto, excelente articulo.
    Viva la Patria! Argentina para los Argentinos!

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  6. Estamos intentando salvar El Tonelero, gracias por el artículo!

    http://ramallotonelero.blogspot.com.ar/

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