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viernes, 13 de junio de 2014

13 DE JUNIO DE 1982: EL DÍA QUE EL GENERAL JEREMY MOORE Y EL BRIGADIER JULIAN THOMPSON TUVIERON MÁS MIEDO

En este día, dieciocho misiones aéreas argentinas cayeron sobre las tropas británicas. El campamento general de los invasores también fue atacado en el momento en que los comandantes Jeremy Moore y Julian Thompson evaluaban como doblegar a los patriotas. Salvaron sus vidas por milagro. El cuartel general quedó envuelto en fuego y humo tras el audaz ataque argentino que provocó cuantiosos daños y bajas que son ocultadas por Gran Bretaña hasta el año 2072.

Foto del avión Skyhawk (C-250) del teniente
Mario Roca, tomada el 13 de junio de 1982
cargado con 3 bombas de 250 kilos a punto
de despegar de la base de San Julián, 

provincia de Santa Cruz.
El comandante Jeremy Moore (quien estuvo al frente de las tropas inglesas en Malvinas) dijo en un reportaje a la revista Siete Días que “esa fue la jornada en la que más miedo tuve, porque me atacaron siete Mirage”. “Se equivocó, porque éramos siete A-4B”, aclaró con orgullo el capitán Carlos Varela, piloto tucumano de A-4B Skyhawk. Con lo cual Moore demostró que de aviones no conocía nada.

Armados cada uno con 3 bombas de 250 kilos frenadas por paracaídas y cañones, cuatro Skyhawk, con el indicativo "Nene" despegan de la base de San Julián al mando del capitán Antonio Zelaya (C-230) y del teniente Omar Gelardi (C-227), el teniente Luis Cervera (C-212) y el alférez Guillermo Dellepiane (C-221).

Ataque de los A4B Skyhawk al Puesto de
Comando de los invasores en Monte Kent.
Le sigue otra formación, los "Chispa" encabezada por el capitán Carlos Varela (C-222), acompañado por los tenientes Mario Roca (C-250), Sergio Mayor (C-235) y el alférez Marcelo Moroni (C-237).

El capitán Zelaya regresa por problemas técnicos y los restantes siete aviones siguieron en vuelo rasante sobre el mar, una táctica que siempre sorprendió a las tropas inglesas y esta vez tampoco fue la excepción. Varela precisó que cuando llegó a Malvinas, subió por una lomada y se encontró de frente, en la cima, con un soldado inglés a quien casi le arrancó la cabeza con el avión. Comentó que cuando se repuso del encontronazo, vio al frente cientos de soldados, transportes pesados y unos 20 helicópteros.

El A4B Skyhawk (C-222) del Cap. Carlos Varela.
El capitán Varela precisó que, al ver las tropas inglesas, aceleró a fondo y ordenó tirar las 12 bombas. El tucumano remarcó que en su huida disparó con sus cañones a los helicópteros y a todo lo que se le cruzó en el camino. “Hasta que alguien me gritó: ‘¡Chispa uno... eyección!’”, dijo con voz firme. Uno de los pilotos vio cómo un misil se dirigía al avión de Varela y a los gritos le pidió que se eyectara para no sufrir el inminente impacto.
El teniente Luis "Tucu" Cervera
junto a un A4B Skyhawk. En
particular el (C-240) atacó la Argonaut
(21-05-82), la Antelope (23-05-82)
y la Ardent (21-05-82).
“Sentí el sacudón y solté los tanques de combustible. El avión comenzó a temblar y la temperatura de las turbinas llegó al máximo”, detalló. “Bajé la potencia, logré reducir la temperatura y dejé la isla en vuelo rasante para evitar los Sea Harrier”, señaló.

Precisó que cuando quiso ascender, el avión comenzó a temblar. “En ese momento pensé en eyectarme en tierra. Entonces bajé la potencia un 2%, que es demasiado para estos aviones, y me alejé de la isla”, confesó.

Detrás de la escuadrilla de Varela venía el teniente Luis “Tucu” Cervera con dos aviones más. “El Tucu” relató su experiencia de aquel día. Recordó que “llegamos rasantes. Los cuatro aviones que me precedían dejaban el chorro marcado sobre el agua, dejaban la estela marcada como si fueran una lancha. Ya en tierra entramos desde el Monte Kent”.  

Carlinga del A4B (C-212) que bombardeó
el campamento inglés y abatió
helicópteros durante el ataque.
Divisó vehículos, helicópteros, numerosas tropas y ordenó a sus pilotos que descargaran todo el material explosivo, luego de lo cual dejaron atrás un campamento envuelto en fuego y humo. En la huida, precisó, se encontró de frente con un helicóptero Sea King y le disparó con los cañones.

“Le empecé a tirar a ojo, no le podía apuntar porque la mira la tenía reglada para el lanzamiento de bombas (apuntaba al suelo). No tuve tiempo de cambiar el reglaje de la mira. Moví la palanca, a elevar y bajar la nariz como si regara con balas todo su recorrido. En vez de ser puntual yo la desparramaba, alguna le iba a pegar y le pegó. Le corté una pala, y debió hacer un aterrizaje de emergencia. No explotó pero si cayó. Hace un tiempo me llegó un mail de un tripulante del helicóptero preguntándome si yo era el piloto que lo había derribado. Me envió una foto. Había impactado en la pala y en el cuerpo del helicóptero. Me reconoce el derribo”, recordó orgulloso Cervera.

Ilustración del derribo de un helicóptero inglés
sobre el campamento de Jeremy Moore.
El militar destacó que nunca olvidará ese momento porque pudo ver hasta el casco celeste del piloto inglés. Cervera guarda el mejor de los recuerdos del alférez Guillermo Dellepiane, porque le salvó la vida. ‘Guarda Tucu, un misil por la derecha... por la derecha’, me gritó ‘El Piano’ -era el apodo del alférez–. Giré 90 grados y eyecté los tanques suplementarios, viré hacia la derecha y vi pasar al misil”.

Restos de un helicóptero en Monte Kent.
Pero la tensión no se disipó. “Cuando tomé rumbo a San Julián, me encontré de frente con una fragata”, contó con la misma sorpresa de hace 25 años. “Dije: ‘ahora sí me la dan’. Porque no tenía ni una piedra para disparar”. Y se jugó a su suerte. “Empecé a virar cuando estaba a unos 100 metros. Miré de reojo por los espejos retrovisores esperando que me lanzara el misil. Y... no me tiró”, contó con la misma alegría de aquel momento.

El Alférez Guillermo Dellepiane.
Probablemente la fragata pirata no le disparó por el pánico que le tenían a los pilotos argentinos y no quisieron atraer su atención ya que no sabían con que proyectiles contaba el avión.

Dellepiane avisó que tenía poco combustible, porque un proyectil había impactado el ala y agujereado el tanque, que comenzó a derramar combustible a chorros. Preguntó a sus compañeros qué hacer: eyectarse o buscar el reabastecedor. “Yo le dije, porque era un gran amigo, ‘Piano’ encomendate a Dios y decidí vos qué querés hacer’”, comentó Cervera.

El avión argentino Skyhawk A4B (C-221).
“El Trucha” Varela recordó que ordenó silencio y como el oficial más veterano le dijo a “El Piano” que él ya sabía lo que se debe hacer en esta situación. El joven piloto tomó la decisión de buscar el Hércules. “‘¡Tengo 100 libras, la puta que los parió... dónde está el Hércules!’, gritó por radio”, relató Cervera. “Le respondí: ‘¡quedáte tranquilo pendejo que llegás!’ Hasta que dijo que tenía cero combustible y, entonces, se produjo un silencio aterrador”.

Avión A4B reabasteciéndose de combustible
de un Hércules.
Cervera contó que, en ese instante, Dellepiane divisó al Hércules y se lanzó en picada para insertar su caña a la manguera. “‘¡Enganché ‘Tucu’, enganché, la puta madre!’, me dijo por radio. ‘¡Bien pendejo!’, le respondí con una alegría inmensa”, destacó con la misma emoción. Llegaron a San Julián con el último aliento. Cervera lo hizo con cero combustible y cuatro impactos de bala en la cola del avión; “El Piano” colgado del Hércules; al capitán Varela el motor del avión se le clavó y aterrizó en una arriesgada maniobra. “Vinieron todos hechos mierda, pero vivos”, destacó “El Trucha” con la misma satisfacción de aquel 13 de junio.

Moore y Thompson salvaron sus vidas por milagro
El 13 de junio, dieciocho misiones aéreas argentinas cayeron sobre las tropas invasoras. Una de ellas casi cambia el curso de la guerra. A las tres y diez de la tarde de ese día, siete aviones A4B Skyhawks lanzaron sus bombas sobre Monte Kent, alrededor de la base de la Tercera Brigada. En ese momento los comandantes Jeremy Moore y Julian Thompson evaluaban el ataque final a Puerto Argentino. Salvaron sus vidas por milagro.

El general Jeremy Moore y el brigadier Julian
Thompson, con un mapa de las Malvinas, 
en Monte Kent, minutos antes del ataque 
de los aviones Skyhawks argentinos.
La carpa del comandante voló por los aires y Moore tuvo que arrojarse al barro de una trinchera para salvar el pellejo. Las explosiones lo cubrieron de escombros y salvó su vida por muy poco. Una bomba sin explotar quedó enterrada en la turba a 10 metros de la roca detrás de la cual se había escondido el brigadier Julian Thompson.

Por la noche, dos bombarderos Canberra efectúan un ataque sorpresa contra el campamento de monte Kent. Son dos Canberra MK-62, indicativo "Baco", armados con cinco bombas MK-17 de 1.000 libras c/u con espoleta SSQ. Uno estaba piloteado por el Capitán Roberto Pastrán y Capitán Fernando Casado. El otro por el primer teniente Roberto Rivollier y el primer teniente Jorge Annino que despegaron de Río Gallegos a las 21:30 horas.

Dos aviones argentinos Camberra atacaron
el campamento británico en Monte Kent.
Ambos llegaron al objetivo, lanzaron las bombas y hasta ese instante no existía fuego antiaéreo, pero inmediatamente después de las explosiones de las bombas se inició una intensa reacción. Fue en ese momento cuando el Camberra de Pastrán y Casado a los pocos segundos de lanzar sus bombas mortíferas fue alcanzado por un misil disparado desde tierra que le destruyó parte del avión y entró en tirabuzón chato. El piloto Capitán Pastrán logró eyectarse, no así el navegador Capitán Fernando Casado que cayó y se estrelló muriendo en defensa de la Patria. El Capitán Pastrán cayó en el mar, próximo a la costa, infló su bote, desembarcó y fue hecho prisionero.

El capitán Fernando Juan Casado,
según el pintor Exequiel Martínez.
Los restos del capitán Casado fueron encontrados en 1986 en una playa de la isla Soledad, según informaron las propias autoridades inglesas y en una absoluta falta de respeto a este héroe fallecido en cumplimiento de su deber, fueron guardados en un armario de la comisaría de Puerto Argentino hasta fines de abril de 2008. El 20 de mayo de ese año, el gobernador colonialista de las Islas Malvinas, Alan Huckle confirmó la existencia de los restos. Los mismos llegaron al aeroparque Jorge Newbery el lunes 15 de setiembre de 2008. El valiente piloto descansa en un cementerio de Villa Carlos Paz, Córdoba.

El otro Camberra evadió el intenso fuego antiaéreo con bengalas señuelos mientras escapaba hacia el oeste. Vio los resplandores del intenso cañoneo en Puerto Argentino. El "Baco 2" arribó a Río Gallegos a las 00:05 del día 14 de junio. Las bombas volvieron a provocar el pánico entre los invasores establecidos en Monte Kent. 

El Camberra B-109 o "Baco 2" regresó
ileso al continent
e.
Oficialmente, Gran Bretaña no reconoce ninguna baja, ningún daño, ni ningún helicóptero derribado en el ataque del 13 de junio. En el momento del ataque había más de 20 helicópteros estacionados. Jeremy Moore falleció a los 79 años, el 15 septiembre de 2007 llevándose muchos secretos a la tumba.

Los británicos estuvieron al borde de la derrota
Además de los ataques implacables de los aviones argentinos, los invasores británicos también tenían problemas de abastecimiento. Al mando de la flota naval, el almirante John "Sandy" Woodward empezaba a notar la escasez de barcos y de municiones: le quedaban solamente dos mil quinientas ráfagas de proyectiles Mk8 y solo tres buques de guerra estaban en condiciones operativas óptimas.

La imagen muestra tres paracaidistas británicos
muertos en Monte Longdon.
Pero a esas horas la lucha no era ni naval ni aérea. Era por tierra. Los Guardias Escoceses asumieron la misión de tomar el monte Tumbledown junto a las unidades gurkas. Se toparon con una resistencia feroz y violentísima del Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5) conformado en un setenta y cinco por ciento por conscriptos. En total eran 800 marinos y 200 del ejército.

Soldado del BIM 5 en Monte Tumbledown.
En su diario, el general inglés John Kiszley escribió: "El enemigo (por el BIM 5) estaba bien colocado y esperó a que estuviéramos a cien metros de distancia para abrir fuego con todo lo que tenía. Los dos pelotones de avanzada estaban detenidos, y cada vez que avanzaban sufrían bajas. No podíamos imponernos. Al contrario de lo que se esperaba, el enemigo estaba en pie y luchaba".

Mercenarios británicos heridos en
Monte Longdon, Malvinas.
En Monte Longdon, en la noche del 13 al 14 de junio, las tropas del Regimiento 7 de Infantería de La Plata también se trenzaron en una batalla feroz con las tropas invasoras, que en muchos casos, como en Tumbledown, llegó a la lucha cuerpo a cuerpo. Las fuerzas británicas usaron "un intenso bombardeo con todas las armas disponibles", sabían que allí se decidía la batalla, tenían que ganar a los argentinos antes de agotar las pocas municiones que les quedaban.

Soldados argentinos en Puerto Argentino
junto a un cañón Citer de 155 mm.
Al amanecer del 14 de junio, la primera avanzada británica llegó a las inmediaciones de la capital malvinense, junto con una intensa nevada. El general Moore instó al general Mario Benjamín Menéndez (el gobernador de las Islas Malvinas) a rendirse "sin involucrar al gobierno argentino" y le dijo lo que Menéndez ya sabía: la resistencia sólo podía aumentar las bajas.

Lo que no sabían los argentinos es que los ingleses en tierra solo tenían comida para 24 horas, balas para cinco días más, escaseaba el agua potable y ya no tenían medicinas para los heridos.

Cañón antiaéreo Rheinmetall de 20 mm de
la Fuerza Aérea Argentina defendiendo los
alrededores de Puerto Argentino.
En una entrevista al diario Clarín, el ex sargento inglés Tony Davies dijo lo siguiente: Viví un infierno allí. Mount Harriet, Tumbledown, Kent, Longdon, Two Sisters. Jamás lo olvidaré. Espero que se den cuenta de que los británicos estuvimos tan cerca de no conseguirlo, de no llegar a Stanley."

Infantes de Marina argentinos, pertenecientes
al batallón antiaéreo esperando a los invasores
en la capital de las islas.
Y agrega: “En mi regimiento terminamos usando lo que las tropas argentinas dejaban en la retirada: comida argentina, munición argentina y, en muchos casos, armas argentinas porque eran mejores a veces que las nuestras. El día de la rendición la artillería nuestra tenía sólo para cuatro rondas, que es nada. No teníamos gasolina, ni comida y muy poca munición. Y estábamos perdiendo a muchas tropas por enfermedad, el frío, las heridas de las batallas. Un día o dos más ahí y podría haber pasado cualquier otra cosa”.

Misiles Tiger Cat protegiendo Puerto Argentino
de los ataques ingleses.
El BIM 5 era la única unidad que estaba equipada, ambientada y adiestrada para estar en Malvinas. Seguía resistiendo con uñas y dientes y pidiendo desde el día 11 de junio a 2.000 hombres de refuerzo que se encontraban listos para entrar en combate en Puerto Argentino.

Artilleros argentinos abasteciendo un obus
Otto Melara de 105 mm en Puerto Argentino.
La artillería argentina tiró diecisiete mil proyectiles en dos días (13 y 14 de junio), los soldados ingleses estaban al borde del colapso. Terminada la Guerra de Malvinas, los ingleses declararon oficialmente que las bajas en combate terrestre eran solamente 255 muertos, se presume que contabilizarían alrededor de 3000, dada la naturaleza encarnizada y la duración de los enfrentamientos con los defensores argentinos.

Transcurrió todo el día 14 y el documento de la rendición no se firmó hasta muchas horas después. A las 16 horas, ambos bandos ordenaron detener los disparos. Había algo que los ingleses temían y Menéndez no podía garantizar: los ataques de la Fuerza Aérea que durante toda la guerra les había ocasionado daños terribles a los invasores británicos.

El Sistema de radar lanzamisiles Roland en
Puerto Argentino fue muy efectivo para la
Argentina durante el conflicto armado.
Se pidió al vicecomodoro Eugenio Miari, uno de los testigos firmantes de la rendición, que hablara al continente con el jefe de la Fuerza Aérea Sur, brigadier Ernesto Crespo para que se rindiera. Miari anticipó: "No lo va a hacer".

Esa fue la respuesta de Crespo. Hubo horas de cabildeos hasta que los británicos hallaron una fórmula: "Que nos de su palabra de honor de que la Fuerza Aérea no nos va a atacar". Esta vez fue el brigadier Luis Castellanos quien habló con Crespo, que ya tenía su decisión pero igual la respuesta: "Dejámelo pensar". Horas después dio su palabra de honor.

Pieza de Artillería argentina en Monte Zapador
o Sapper Hill, a 500 metros de Puerto Argentino.
La rendición se firmó casi en el primer minuto del 15 de junio. Se hizo una traducción al castellano en la que, como en el original, Menéndez tachó la palabra "incondicional", mientras que Moore suspiró aliviado, porque sabía muy bien que si no se rendía, ellos, los británicos serían los que deberían hacerlo, pues sólo tenían pertrechos para menos de una semana de combate.

Es interesante el testimonio del entonces sargento Tony Davies sobre el día de la rendición y en qué estado se encontraban los invasores:Llegamos a Sapper Hill y ahí paró la guerra, a quinientos metros de Stanley. Fuimos a los búnkeres argentinos, tomamos los comidas, la ropa seca y las raciones”.

La “Operación Buitre”
Al momento de la rendición se estaba planeando un contraataque argentino detrás de las líneas enemigas que tenía el nombre tentativo de “Operación Buitre” y que se iba a lanzar a más tardar, el 17 de junio. En la misma, en una cooperación sin precedentes entre las tres fuerzas, los buques de la Armada iban a moverse haciendo maniobras de distracción para atraer a los buques ingleses cerca del continente y así dejar menos apoyo británico en las islas. Los submarinos San Luis y Salta iban a participar también. La aviación naval iba a atacar con aviones A4Q antibuque e incluso utilizaría a sus aviones Super Etendard.

Helicóptero Chinook argentino operando en 1982.
La Fuerza Aérea sería el elemento principal que atacaría en gran escala con todas sus naves y operaría también el Escuadrón Fénix de aviones civiles para distraer al enemigo. Dos helicópteros Chinook de la Fuerza Aérea junto a dos Sea King de la Armada transportarían a las islas comandos del ejército (90 hombres, todos voluntarios que ya habían escrito una carta de despedida a sus familiares que se entregaría en caso de que no regresaran) al mando del Capitán de Corbeta buzo táctico Alfredo Cufré que atacarían por sorpresa a la retaguardia enemiga, unos 1500 invasores en el área de Fitz Roy. También los Hércules C-130 iban a lanzar a todos los paracaidistas que se ofrecieran de voluntarios.

La Compañía de Comandos 601 en Puerto
Argentino, abril de 1982.
Los comandos anfibios y buzos tácticos que se encontraban en Puerto Argentino incluidas las Compañías de Comandos 601 y 602 del Ejército argentino y el Grupo Alacrán de Gendarmería atacarían a los invasores por el flanco.

Dos infantes de Marina del BIM 5 operando la
ametralladora Mag. El cabo Ismael Maciel
y el soldado Juan Ferreira.
Indudablemente, todos los participantes en la Operación Buitre hubieran causado daños terribles tras las líneas piratas. Las probabilidades de éxito eran de un 70 por ciento calculando que Puerto Argentino resistiera hasta después del 17 de junio.

De hecho, al momento de la rendición, el BIM 5 estaba combatiendo el 14 de junio contra 5 batallones del Ejército británico, la Guardia Galesa (fuerza de elite), la escocesa y la nepalesa o Fusileros gurkas; y detrás, de reserva, 2 comandos de Infantería de Marina. 4.000 hombres contra menos de 1.500. A las 3 de la madrugada del 14 de junio, el BIM 5 lanzó un contraataque sobre el Monte Tumbledown haciendo retroceder cerca de un kilómetro y medio a los invasores.


Mapa con los principales montes
alrededor de Puerto Argentino.
Y no pudieron tomar la posición del BIM5 hasta que recibieron la orden de replegarse (en vez de enviarles refuerzos desde Puerto Argentino) y pocos momentos después de haber recibido la orden, fueron atacados desde helicópteros, dos de los cuales fueron derribados por hombres del BIM 5.

Ilustración de los comandos
argentinos del 601 derribando
un avión Sea Harrier con un 

lanza misiles Blowpipe.
Los del BIM 5 entraron en Puerto Argentino marchando encolumnados a paso redoblado a las 14.30 horas, portando todas sus armas ante el asombro de los ingleses que ya estaban en el pueblo. Los ingleses creyeron que se habían topado con un batallón entero. Y habían estado luchando contra apenas una compañía. El Capitán de Fragata Carlos Hugo Robacio, su comandante, alcanzó la jerarquía de contralmirante y tuvo cuatro condecoraciones. 

Los propios británicos, le confesaron extraoficialmente a Robacio que en la lucha contra el BIM 5, murieron 359 soldados colonialistas. Robacio murió, a los 76 años, el 29 de mayo de 2011.

Infante de marina argentino portando en
Malvinas un lanzamisil antiaéreo soviético
Strela 2.
¿Qué hubiera pasado si los argentinos resistían y se hubiera producido la "Operación Buitre" creándole dos frentes de batalla a las ya cansadas tropas invasoras británicas?

Toda la operación se canceló con la rendición de Menéndez del 14 de junio. No cabe ninguna duda que hay algo que se le oculta a todo el mundo, donde no está exceptuada la masonería argentina que recibió desde la Gran Logia de Londres, en pleno conflicto de Malvinas de espiar para Gran Bretaña según reveló el Gran Maestre grado 33 de la Gran Logia Argentina, el griego Alcibíades Lappas. Y seguramente también influyó en la rendición la presencia del papa polaco Juan Pablo II que vino a la Argentina en esos días.

Foto del 14 de junio de 1982 en Puerto
Argentino: A la izquierda el general Mario
Benjamín Menéndez y a la derecha
Jeremy Moore.
Hoy en día y con los relatos del lado inglés de que estaban escasos de municiones, medicamentos, agua y alimentos se abren muchas dudas sobre si los invasores colonialistas podrían haber aguantado una dura batalla durante los próximos días como hubiera sido en el intento de tomar la capital de las islas y se explicaría el porqué del urgente contacto de los ingleses con el Gral. Menéndez, a la sazón, gobernador de las Malvinas y otros mandos argentinos para convencerlos de que se rindieran. 

Los británicos al entrar a Puerto Argentino tras la rendición, se sorprendieron por la cantidad de tropas que había disponible (10.000 soldados) y que les hubiera dado un duro trabajo si se hubiera decidido no rendirse.

El mando argentino no tenía ni idea de la situación crítica en la que se encontraban los ingleses. La conclusión es que a la Argentina le quedaba "resto" para seguir peleando, e iniciar un duro contraataque, sin embargo ocurrió lo que todos ya sabemos. Argentina pudo haber ganado la guerra pero las fuerzas oscuras que mueven los hilos de la humanidad se lo impidieron.

De lo que no cabe ninguna duda, es que las Islas Malvinas son argentinas.

Aquí un video de los propios ingleses sorprendidos del ataque al cuartel general:

Ataque Argentino al monte Kent que casi cambia el curso de la guerra


Video animado del ataque al cuartel general de los piratas:




1 comentario:

  1. Wow esos soldados argentinos son unos verdaderos héroes para su pais, mis respetos. Y reconocimiento desde México

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