SAPERE AUDE

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viernes, 4 de mayo de 2012

HUNDIMIENTO DEL DESTRUCTOR SHEFFIELD Y DAÑOS EN EL PORTAAVIONES HERMES

El 4 de mayo de 1982 dos aviones Súper Etendard de la Armada Argentina con base en Río Grande (Tierra del Fuego) armados con un misil Exocet cada uno y orientados por un avión explorador Neptune de la misma fuerza, atacan tres navíos británicos impactando en la fragata HMS Sheffield provocando un incontrolable incendio. El ataque (según los ingleses) causa la muerte de 22 tripulantes, un elevado número de heridos y obliga a abandonar la nave al resto de la tripulación. El otro Exocet impactó en el portaaviones Hermes (ataque nunca reconocido por Inglaterra) obligando a evacuar el estado mayor de la Task Force. Si el portaaviones no fue atacado ¿por qué se trasladaron todos al portaaviones Invencible? También un Sea Harrier es derribado por la defensa argentina en Pradera del Ganso (Goose Green). Los piratas se estaban dando cuenta que no sería un paseo combatir a los argentinos.

Detección del enemigo
Un avión Neptune, comandado por el Capitán de Corbeta Ernesto Proni Leston, despegó a las 04.00 del 4 de mayo y se internó en el mar, con un arrumbamiento que lo llevaba inicialmente por el sur de Malvinas, antes de rodearlas totalmente. Poseía un elemental sistema MAE (Medida de Apoyo Electrónico) que podía proveerle un pobre aviso de haber sido iluminado por un radar enemigo. En otras palabras, al no ser muy confiable este sensor, podía darse el caso de volar, casi ciego, hacia un buque equipado con misiles. El tiempo era malo, con nubes bajas, lo que si bien por un lado dificultaba el vuelo, por otro le daba cobertura visual contra el enemigo. La forma de operar era la clásica. Se volaba bajo y cuando había que hacer una emisión radar para investigar se ascendía con rapidez hasta unos 1.000 metros, se hacía el barrido descendiendo luego rápidamente con un sensible cambio de rumbo para dificultar la posible detección o el seguimiento por radar del enemigo, si era descubierto.

El avión Neptune y parte de la tripulación
que descubrió al Sheffield y otros buques
enemigos el 4 de mayo de 1982.
A las 07.00 se le informó que Puerto Argentino estaba bajo ataque y el explorador se mantuvo en el área esperando órdenes. En mitad de su tarea, el radar quedó fuera de servicio, pero en lugar de anular la misión y regresar, actitud que nadie le habría reprochado, se trabajó afanosamente en pleno vuelo para lograr su reparación. A las 07.50, recuperado el equipo, se obtuvo un nuevo contacto sobre un "duende" mediano, que lo mostraba como un buque de guerra, posiblemente destructor misilístico tipo D-42. Una de las naves más modernas de Gran Bretaña. Se informó al Comando de la Fuerza Aeronaval FT 80 y se dio su posición y datos de radar. Estaba a 85 millas al sur de Puerto Argentino, y a 90 millas al este del Neptune.

La emisión radar propia de las 08.45 trajo otra sorpresa. La pantalla presentaba tres ecos; al anterior se había sumado uno grande y otro mediano, todos a 60 millas de distancia. Se captaron un blanco grande, seguramente un portaaviones y tres blancos medianos. El explorador continuó con sus maniobras evasivas, alejándose hacia el sur. En ese período, al hacer nuevas pruebas de radar volvieron a quemarse sus cristales. Su Comando estaba en conocimiento de este inconveniente por lo que se le pidió que informara la posición de los buques a las 10.30 —cosa que se cumplió—; el Neptune presumía, con razón, que estos datos contribuirían a una misión de Súper Etendard en desarrollo. En su último ascenso para utilizar el radar dio la posición de los blancos, retomó su vuelo rasante y se alejó de la zona, para aterrizar, luego de siete horas de vuelo total, en conocimiento ahora de que los Súper Etendard estaban en camino.

El ataque de los aviones de la Armada Argentina
Con la ubicación inicial del enemigo a unas 100 millas al sur de Puerto Argentino y aproximadamente a 380 millas de la Base Aeronaval Río Grande, el Comando de la Aviación Naval ordenó el despegue de los Súper Etendard, a las 09.45. El binomio encargado de la misión estaba constituido por el capitán de corbeta Augusto Bedacarratz, Segundo Comandante de la Escuadrilla y el teniente de fragata Armando Mayora, quienes luego del despegue ascendieron rápidamente hasta los 4.500 metros, proa al punto de encuentro con el avión tanque KC-130 de la Fuerza Aérea al mando del Vice Comodoro Pessana. La operación recibía el apoyo aéreo de dos escuadrillas de Dagger situadas a 20.000 pies, armados con misiles aire - aire y un Lear Jet del Escuadrón Fénix actuaba, como siempre, en misión de diversión. Tanto el vuelo como la maniobra de transferencia de combustible se realizaron, como es disciplina de esa Unidad Aeronaval en el más estricto silencio. Entre ambos aviones de ataque sólo existían comunicaciones por señas, y a veces el entendimiento entre ambos pilotos era tal que podían prescindir de ellas.

Dos Súper Etendard cargando combustible
de un avión Hércules C-130.
A las 10.04, una vez completado el reabastecimiento, se desengancharon de las mangueras del avión tanquero y a 250 millas del blanco comenzaron la fase final del ataque. A medida que se acercaban al objetivo, mientras las condiciones meteorológicas empeoraban, empezaron a recibir débiles señales de alarma en sus equipos MAE, que los alertaban de que radares enemigos los estaban iluminando en una primera fase de detección. Iniciaron el descenso a ras del mar, un mar oscuro, con blancas olas que contrastaban su color y que los veían pasar a 800 km por hora.

Armando Mayora recuerda esa misión: "Veníamos volando muy, muy bajo, y muy, muy rápido. Era un día horrible, de chubascos, lluvias, de muy baja visibilidad, lo cual era perfecto para nosotros porque de esa manera podíamos entrar sin que nos detectaran", cuenta.

El tiempo era decididamente malo, con chubascos y bancos de niebla que disminuían la visibilidad a 1.000 metros, mientras que un colchón de nubes les daba un techo de 150 metros. A las 10.30, como se ha dicho, el avión explorador les dio su informe final sobre los blancos que tenía en su pantalla, y cerró su mensaje con una última palabra no contemplada en el severo léxico naval para estas comunicaciones operativas: "Aries, aquí Mercurio: confirmo duende grande y dos medianos en 52° 33' 5" Sur y 57º 40' 5" Oeste; otro mediano en 52º 48' 5" Sur y 57º 31' 5" Oeste... Suerte".

En 1982, el misil Exocet era una de las
armas más formidables con las que
contaba la Argentina en la lucha contra
el colonialismo británico.
Cuando el Neptune envió el mensaje, los Súper Etendard estaban volando al ras del agua, próximos a las coordenadas especificadas por el explorador, en otros términos, el último buque distaba de los primeros unas 30 millas. Prosiguieron hacia esas coordenadas siempre al ras del agua, luego de recorrer unas millas más, se elevaron unos metros para salir de la zona muerta del radar británico y realizar barridos con el propio para localizar el blanco. Ambos pilotos detectaron un blanco grande y tres medianos, "engancharon" sus Exocet al blanco grande (casi seguro se trataba de un portaaviones) y cuando estuvieron a unos 50 km lanzaron los misiles a las 11:02 horas.

La aproximación había sido tan sigilosa como indetectable y el éxito del ataque era casi seguro y sin establecer contacto visual con el enemigo. Sin embargo, recién es confirmado varias horas más tarde (a las 17 horas) al admitir el Ministerio de Defensa británico bajas en un destructor tipo 42, uno de los más modernos de su flota.

El HMS Sheffield tenía 287 tripulantes
y armamento nuclear.
Se trataba del destructor inglés HMS Sheffield que tenía 287 tripulantes. El impacto de un solo Exocet que pesa 670 kilos a una velocidad de 1.100 kilómetros por hora fue un golpe mortal para el buque dotado de armamento nuclear. Sus restos se hundirán 6 días más tarde.

El misil Exocet MM-39, de fabricación francesa, era y sigue siendo una de las armas más formidables del arsenal no nuclear. Así llamado por el nombre del pez volador Exocoetus, que se desliza rozando la superficie de las olas.

Mayora recuerda que tras el ataque: "Todo el mundo estaba feliz. Yo no, porque el objetivo era el portaaviones. La única manera de poder haber cambiado el curso de la guerra era hundirles un portaaviones. Eso fue lo que sentí: que podríamos haber generado un cambio. Hundir al Sheffield fue un tema que les pegó, pero que no fue crucial. Si hundíamos un portaaviones, la cosa hubiese sido diferente", sostiene.

A pesar de ese sentimiento, Mayora reconoce que la escuadrilla hizo su trabajo a la perfección. "El ataque del Sheffield fue el único que pudimos hacer como dice el libro. Salió perfecto", reconoce.

El ataque al Sheffield, una fragata tipo 42 que estaba a la vanguardia de la flota inglesa, supuso un duro revés para las fuerzas británicas durante el conflicto de 1982. Además, fue el primer barco que perdieron desde la Segunda Guerra Mundial. Eran la tercera potencia del mundo con el apoyo de la primera.

Comienzan las mentiras británicas
Los ingleses declararon, más tarde, que “había sido atacado el HMS Sheffield con un Exocet y que otro misil había pasado de largo frente a la fragata Yarmouth”. Ambos misiles fueron apuntados al blanco grande, es decir tenían las mismas coordenadas. El Exocet, entre sus muchas habilidades, tiene la posibilidad de cambiar de blanco si no encuentra su objetivo en la ruta especificada, pero tiene también espoletas de proximidad que lo hacen detonar si pasa muy cerca del buque sin llegar a impactar en él. Estas y otras características más del misil, permiten concluir que es sumamente difícil que un misil impacte en un buque y el restante pase de largo frente a esa u otra nave, sin haber cambiado de dirección al no encontrar nada en su ruta inicial o explotar por sus espoletas de proximidad.

Son varios los especialistas que sostienen que el blanco grande fue impactado y que se trataba del portaaviones Hermes, el buque insignia de la flota hasta ese momento. Sin duda algo grave sucedió a bordo relacionado con la escasa actividad de éste luego del 4 de mayo. 

En todos los casos, se habló siempre de tres blancos medianos y uno grande. Tanto el Neptune como los Súper Etendard, confirmaron ecos de ese tipo en sus pantallas. La declaración oficial británica indicaba que se había impactado al HMS Sheffield, pero si eso fuese correcto y efectivamente el buque “grande” impactado era el Sheffield, entonces los otros tres ecos medianos deberían tener un tamaño aproximado a la mitad del eco grande. Como el destructor Sheffield tenía aproximadamente 120 metros de eslora (largo), la única posibilidad de que ése fuese el blanco grande sería que los otros tres buques no superasen los 50-60 metros, pero lo interesante del caso es que la flota no poseía en la zona del conflicto buques de 50 metros de eslora. Teniendo en cuenta que un portaaviones del tipo Hermes tiene una eslora de aproximadamente 200 metros y que los destructores y fragatas oscilan entre 120 y 100 m, es mucho más razonable suponer que un blanco grande (200 m) sea escoltado por dos blancos medianos (100 a 120 m). Se sabe que ambos Exocet se dispararon al blanco grande. Es muy posible que un misil impactara en el portaaviones Hermes y otro en el destructor Sheffield. Las sospechas se acrecientan cuando Gran Bretaña demoró seis horas en informar del ataque que había sufrido y declaró que hubo 22 muertos y 24 heridos.

Otra posibilidad es que el Sheffield habría sido uno de los navíos de combate atacados y averiados por la Fuerza Aérea Argentina el 1º de mayo. El 1º de mayo tres aviones Mirage Dagger argentinos, atacaron a una flotilla de buques británicos que cañoneaban las adyacencias del aeropuerto de Puerto Argentino. Fuentes británicas reconocieron ese día que dos de esas embarcaciones resultaron dañadas, una de escasa consideración posiblemente la fragata Arrow mientras que nada se informó de la otra. Fuentes militares argentinas, por su parte, que observaron perfectamente la acción desde la península de Freycinet y del cabo San Felipe, no dudaron en identificar a esa segunda nave dañada como una fragata tipo 42, la que recibió los impactos directos de dos bombas de 500 libras que explotaron en su interior y provocaron un incendio incontrolable. Todo indica que ese segundo buque era el Sheffield y el gobierno británico lo intentaba ocultar.

Al ser impactado el portaaviones Hermes el día 4 de mayo, se blanqueó la destrucción del Sheffield y se ocultó la avería del portaaviones, que representaba un revés muy serio para la flota. La marina británica se consideraba invulnerable... ¿cómo entonces un portaaviones era seriamente averiado?

Tal vez no basten dos Exocet para hundir a un portaaviones, pero seguramente los daños producidos en su "obra muerta" por dos misiles de estas características deben ser de consideración.

Para la supuesta invulnerabilidad de la flota pirata era inadmisible que se reconociera lo ocurrido, además de que una noticia de esas características sería causal más que suficiente para que la OTAN exigiera a la Primer Ministro el regreso de la flota, y así evitar desguarnecer a los países europeos frente a la amenaza soviética. Por algún motivo, el Gobierno Británico ha impuesto el Secreto de Guerra sobre todo lo ocurrido en Malvinas hasta el año 2072, y seguramente en ese secreto figura el ataque al portaaviones Hermes. Muy probablemente porque en este caso y en otros que sucedieron después (como el ataque al portaaviones Invencible), sería catastrófico evidenciar que la flota británica no presentaba la fortaleza que se creía, además de perjudicar muy severamente los intereses políticos de Margaret Thatcher.

El misil Exocet cuenta con un sistema de guía electrónica programable de blancos desde el avión lanzador contando a su vez con la capacidad de detectar y seleccionar blancos alternativos en forma autónoma en la fase final del vuelo en caso de no interceptar al blanco principal. Todo indica a sospechar que al menos un misil Exocet impactó el 4 de mayo de 1982 al portaaviones Hermes.

El día 3 de mayo, un contacto por radar por un seguimiento de los Harriers, reveló la existencia de un blanco grande a 73 millas de Puerto Argentino a rumbo 140.

El día 4 de mayo, se vuelve a detectar el mismo blanco en igual posición, constatándose que se trataba del Hermes. A partir de las 11.30 del 4 de mayo el portaaviones Hermes comenzó a dar señales de tener varias dificultades.

Evacuación del portaaviones Hermes
Simultáneamente al ataque al Sheffield, se produce el traslado del Almirante Woodward del Hermes hacia el portaaviones HMS Invincible, que a partir de ese momento pasa a ser la nueva nave insignia, difundiéndose además, contradictorias noticias de las fuentes británicas. La información también expresa que desde ese momento se reduce notablemente el número de aviones Sea Harrier que se mantienen en vuelo, como si uno de los dos portaaviones hubiese dejado de operar.

El gobierno de Margaret Thatcher venía ocultando desde el 1º de mayo los resultados de los exitosos ataques de aviones Navales y de la Fuerza Aérea Argentina a la flota británica, lo que determinó el hundimiento del Sheffield y las serias averías del Hermes.

El blanco de los Súper Etendard habría sido el portaaviones Hermes y el Sheffield, ya dañado. Pero las centrales de acción psicológica lanzan la información del destructor señalando que el impacto fue en la central de operaciones, mientras el Comandante dramatiza en sus declaraciones sobre el hundimiento, consolidando el frente interno británico.

Posteriormente, se advierte que si el Sheffield hubiese recibido el impacto en donde se indicó, el comandante y varios jefes oficiales antiguos que trabajan allí en forma permanente, hubiesen muerto.

El día 4 de mayo, Londres informó que el Exocet no detonó al impactar con el casco de la nave, pero que al penetrar en su interior provocó un incendio debido al combustible sin quemar de su motor cohete, incendio que no pudo ser controlado y obligó a la tripulación del Sheffield, que en la acción sufrió la baja de más de 20 muertos y numerosos heridos, a abandonar la nave. Técnicos productores del misil descartaron, casi de manera definitiva, la alternativa planteada por el informe inglés y señalaron el poco crédito que merecía la información que un incendio producido por el combustible sin quemar del cohete que no debía ser mucho hubiera causado un número tan importante de víctimas.

Un periodista a bordo del Hermes revela un secreto
El ataque al portaaviones Hermes fue ocultado por el Reino Unido, el navío muy averiado se alejó del T.O.A.S. para ser reparado. Un agente perteneciente a los servicios de informaciones del ejército argentino, que se hizo pasar por un periodista uruguayo trabó amistad en las islas con el periodista británico John Witherow, de quien obtuvo valiosa información, en particular acerca de la suerte ocurrida por los dos portaaviones de la Task Force, fue este colega quién le relató que el día 4 de mayo, hallándose con otros periodistas en el bar del Hermes a la hora del ataque, sintieron una fuerte explosión que estremeció al buque. Cuando inquirieron acerca de lo ocurrido, un oficial británico les informó que se había producido un accidente de un Harrier en la cubierta de la nave, nunca pudieron completar la nota o verificar lo ocurrido, ya que inmediatamente fueron trasladados al portaaviones Invincible, no regresando más a la nave insignia de la Task Force.

La fuerte explosión proviene del golpe de un misil que no explotó en la chapa de acero del portaaviones. Es lógico, que si pesa casi 670 kilogramos volando a 1100 kms. por hora, el golpe es formidable, como una explosión. Pero lo que no se cree de este testimonio es que el periodista abandonó el Hermes y no vio nada.

Le comentó también el periodista británico, que hasta el día 30 de mayo, fecha en que fue atacado el otro portaaviones, el Invincible, transmitían la información obtenida en tierra firme a Londres mediante la estación de comunicaciones satelital a bordo del Invincible. A partir de esa fecha, ya no lo pudieron hacerlo más. ¿Sería otra extraña coincidencia? Muy extraña, ciertamente, ya que simultáneamente ese mismo día se observó que las interferencias electrónicas del enemigo cesaron. Pues el ataque había afectado la estación de comunicaciones del portaaviones, y recién se reasumieron cuando se llevaron a San Carlos otros equipos para continuar con esta tarea, poco antes de la finalización del conflicto.

Aunque no pudo ser confirmado oficialmente, el hecho de que los aviones que operaban desde el Hermes hayan dejado de hacerlo desde el momento del ataque, ofrece claros indicios de que pudo haber sido dañado y fue ocultado.

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