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viernes, 17 de febrero de 2017

LOS AMISH NO PADECEN AUTISMO PORQUE NO SE VACUNAN

La Ciencia Oficial niega pruebas tan evidentes. Los amish permanecen sin vacunarse desde hace más de doscientos años, no existen casos de autismo entre su población.

Antes de las campañas de vacunación
el autismo era una rareza.
A medida que se fueron incrementando las campañas de vacunación, el índice de autismo fue en aumento, una prueba irrefutable de su relación con las vacunas.

A principios de los años 40, antes de la introducción de la mayoría de las vacunas que hoy son habituales, el autismo era una enfermedad rara.

El caso de los amish que viven aislados pero cerca de nuestra civilización occidental, es realmente importante porque la gran mentira oficial nos ha vendido una realidad de dos caras.

Una familia amish en Pennsylvania,
Estados Unidos.
Nos han dicho hasta el hartazgo que gracias a las vacunas se previenen las enfermedades y las personas están “sanas”.

Entre los amish sus cifras de autismo actuales son de 1 cada 15.000 personas frente al 1 cada 36 en el resto de los Estados Unidos.

Entre la población norteamericana los casos de autismo eran en 1970 un caso entre 10.000 niños.

Amish construyendo una casa. Sus creencias
religiosas les prohiben vacunarse.
Ninguno se enferma.
En 1975, uno en 5000 casos. En 1985, un caso cada 2.500 niños. En 1995 un caso cada 500 niños. En 2001 un caso cada 250. En 2004, un caso cada 166 niños. En 2007, uno cada 150 casos. En 2009, uno en 110 casos. En 2012 uno cada 88 casos. En 2013 uno caso cada 68 niños. En 2014, uno cada 50 casos. En 2015, 1 cada 48 casos y en 2016 uno cada 36 casos.

Los amish representan el caso testigo que demuele la teoría de que las vacunas son buenas: son comunidades de personas viviendo en países desarrollados, con el mismo clima y conformación genética que los demás, con la misma susceptibilidad a enfermedades pero no se vacunan.

¿Y cuál es el resultado? Los amish poseen mejores índices de salud que el resto de Estados Unidos incluso durante epidemias nacionales.

Niñas amish en bicicleta.
Los amish son la confirmación de lo que el sentido común y la medicina más respetuosa (naturista o no) predica: aire puro, alimentación natural, cuidar el cuerpo, ausencia de stress, cercanía a la Naturaleza, menos sedentarismo, sencillez, etc.

Las creencias religiosas de los amish les impiden vacunarse o utilizar cualquier artefacto tecnológico.

El autismo no existía en Asia hasta que
empezaron las campañas de vacunación. Los
amish no se vacunan y no tienen autismo.
Los amish son anabaptistas (del prefijo ana-, ‘de nuevo’, y el griego ‘el que bautiza’), se refiere a “rebautizar” o “bautizar de nuevo”. Dicho nombre les fue impuesto a los anabaptistas por sus detractores, pues los primeros consideran inválido el bautismo infantil. Los anabaptistas abogan por el bautismo de creyentes (de acuerdo con su interpretación de Marcos 16:16) adultos, pues por una parte consideran que los niños son salvos (según Mateo 18:2-4) y por otra parte consideran el bautismo como símbolo de fe, la cual no manifiesta un bebé.

En la actualidad, hay en el mundo más de dos millones de anabaptistas de las denominaciones amish, hutteritas, menonitas, etcétera.

El Centro de Detección y Control de
Enfermedades (CDC) y los medios de
comunicación encubren que las vacunas
producen autismo.
Los amish reciben el nombre de Jacob Amman, obispo mennonita suizo que insistió en la más estricta separación de todo influjo mundano. Emigraron a América entre los años 1720 y 1740 y se establecieron en Lancaster City (Pensilvania). Los amish del “Orden Antiguo” son un grupo extremadamente conservador se visten al estilo del siglo XVIII y los hombres se dejan crecer la barba; viven como aldeanos y evitan los adelantos tecnológicos; se niegan a utilizar el automóvil o la electricidad, y no permiten el matrimonio con personas que no pertenezcan a su mismo grupo. No tienen iglesia; el culto se celebra en casas. Celebran la comunión dos veces al año y junto con ella practican el rito del lavado de pies. Su ministerio comprende tres grados; obispos, predicador y diácono, todos elegidos a suertes. Hay grupos menos conservadores que el “orden antiguo” que se han separado de este. Son pacifistas y se encuentran al margen de la sociedad. Los amish hablan un dialecto alemán.

Muere periodista que investigaba el autismo
Un periodista de la agencia United Press International (UPI), Dan James Olmsted fue hasta el Centro de Detección y Control de Enfermedades (CDC) a preguntarles porque los amish no tenían casos de autismo, y la respuesta, por demás de ridícula fue: “Los amish no tienen autismo porque no usan energía eléctrica”.

Dan Olmsted, el periodista que aportó
valiosa información sobre las causas
del autismo.
Dan Olmsted se había graduado en la Universidad de Yale en 1975, no era ningún tonto para creerse esa respuesta.

Siguió investigando y reuniendo pruebas de que las vacunas provocaban autismo. Como dato anecdótico, en Asia no existía el autismo y comenzó a aparecer este trastorno cuando se iniciaron las campañas masivas de vacunación.

El libro de Dan Olmsted, La 
Era del Autismo: mercurio, 
medicina y una epidemia 
hecha por el hombre.
El 23 de enero de 2017, Olmsted se encontraba en su casa de Falls Church, Va. cuando apareció muerto a la edad de 64 años. No se informó la causa de su fallecimiento.

Olmsted junto con Mark Blaxill, son coautores de dos libros, The Age of Autism: Mercury, Medicine and a Man-Made Epidemic(La era del autismo: mercurio, medicina y una epidemia hecha por el hombre, 2011, St. Martin's Press) y Vaccines 2.0: The Careful Parent's Guide to Making Safe Vaccination Choices for Your Family, (Vacunas 2.0: La guía cuidadosa de los padres para hacer opciones seguras de vacunación para su familia), publicado por Skyhorse Publishing en 2015.

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